Hace unos días atrás, circuló la noticia que en una escuelita de Alta Verapaz los niños que alcanzaron el nivel necesario para graduarse de nivel de pre primaria vistieron togas hechas con bolsas de basura, decoradas con bolsas de “chucherías” y un birrete hecho de papel.

Esta escuelita, aunque muy particular para solucionar dificultades, no es un caso aislado porque la mayor parte de escuelas en nuestro país tienen estas dificultades. Atienen a más niños de los que deberían, sobreviven con los pocos recursos que obtienen y como si esto fuera poco en la mayoría de las ocasione ni siquiera la infraestructura es la adecuada para los niños.

Aunque en las fotos que circulan en redes sociales, se les ve a las niñas en primera plana con una sonrisa bien puesta, hay que reconocer que esta medida no se tomó como una alternativa, sino que se dio porque no había otra opción. En ese principio radica poder hacer valer los derechos, tener la libertad de elegir qué se hace y qué no en la vida de cada quien. No había recursos para togas, se tomó esta iniciativa como una medida, para incentivar a la ilusión de algún día llegar a graduarse en grados superiores a este con una toga de tela y un birrete de verdad.

Mientras eso pasaba en Campur, Carchá; aquí en la capital en la toma de posesión de la Corte Suprema de Justicia, se gastaron 120 dólares, unos 880 quetzales, por plato. Este tipo de gastos no tienen una justificación más allá del puro deseo de querer regalar(se) lujos. Es un acto, además de egoísta, sumamente irresponsable. Pongo en comparación estos hechos pues vi un tuit que ponía las dos imágenes haciendo contraste entre lo que le toca vivir a la mayoría de las personas en el país y los que pueden “servirse” aquellos que en teoría deberían estar para servir al país.

La desigualdad en nuestro país es un tema preocupante por la manera en la que puede ser percibida, casi que se puede tocar. Hay desigualdades como la discriminación que nos toca a los ciudadanos emprender, pero en estas es nuestra responsabilidad exigir que las diferencias se vayan haciendo más pequeñas y sobre todo recordar que como país afrontamos una situación difícil, no por nada en particular sino como un estado casi permanente, lamentablemente. Las diferencias abismales que solo no deberían de existir.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo