Chile modificó su sistema electoral tras 35 años y se pondrá a prueba esta 17 de noviembre. A pesar de ser la democracia mejor consolidada en la región latinoamericana y servir como modelo y ejemplo para los demás países, los chilenos se atrevieron a cambiar su forma de elección de diputados en favor de tener una mejor representatividad. Estas reformas consistieron en dos cosas esenciales: un aumento en la cantidad de sus diputados y modificar los distritos electorales. Ambas propuestas también han sido discutidas en Guatemala también y, a pesar que la primera haya sido ya descartada por la falta de confianza en los diputados que tenemos actualmente, la segunda propuesta de modificar los distritos electorales aún está muy latente.

Ayer por la mañana me desperté ante la noticia sorprendente que el Tribunal Supremo Electoral por fin había entrado en razón y aceptado la propuesta de sub distritos y listados abiertos como una de las reformas esenciales por hacer. Me sorprendió porque el TSE, así como los partidos políticos actuales, se había mostrado escéptico a realizar esta modificación que cambiaría radicalmente las dinámicas clientelares que han existido hasta ahora. Rehusarse a hacer estas modificaciones perpetuaría el sistema corrupto que ha imposibilitado una representación efectiva de la población guatemalteca.

De este proceso de reforma electoral chileno resaltan algunas dudas que nosotros debemos resolver en nuestro propio proceso: ¿Cómo romper con el miedo para cambiar la ley electoral? ¿Cómo se lograron los consensos necesarios en la sociedad? ¿Cómo se logró que los diputados, acostumbrados al sistema anterior, fueran capaces de salir de su zona de confort? Sin duda estas son algunas preguntas que aún no hemos resuelto y que nos tienen agotando tiempo importante. Así mismo, la forma de elección que han desarrollado los chilenos es similar a lo que nosotros tenemos en la actualidad y de lo que se pretende implementar con las reformas por lo que también podría servirnos de ejemplo para replicar el modelo si este llegara a tener éxito.
Nuestro sistema electoral no esta tan lejos de llegar los 35 años que le tardó a Chile considerar un cambio importante. Sin embargo, las condiciones que estamos viviendo en el país lo hacen ser una prioridad imposible de postergar para un futuro.

Los cambios que los ciudadanos están exigiendo no son radicales y podrían llegar a ser un punto de quiebre para el sistema político que tanto criticamos. Por lo tanto, atrevámonos a cambiar aquello que sabemos que no está funcionando porque si no lo hacemos los problemas se seguirán acumulando y los cambios tendrán que ser más radicales.

 

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