Haré que tus palabras no sean solo palabras, más bien que estén llenas de significado, de códigos, de todo lo que tienes para ofrecer, si en verdad tienes algo que ofrecer. Haré que cada vez que la gente te vea, pueda asociarte con alguien de mucho valor, buscaré que tus apariciones no sean solo físicas, sino representativas. Buscaré que tu comportamiento y tus palabras generen estímulos a los que reaccionen por impulso. Tus movimientos serán calculados, intencionales y deliberados. La idea es posicionarte con un sentido estratégico y que tú nombre genere valor y referencia. Pero antes, quiero explicarte que su valor se deriva de algunos elementos que hay que tomar en consideración.

De forma práctica podemos separar la comunicación política en dos partes: estrategias de acercamiento (Engagement), y estrategias de soporte (endorsement). Las primeras están orientadas a aspectos metodológicos para la creación de un plan estratégico y la selección del kit comunicacional propuesta, elementos que utilizaremos para incursionar en la esfera de la opinión pública. Además, todas las ideas personalizadas según el perfil y elementos semióticos para el desarrollo de identidad y de imagen, dentro del marco estratégico.
Posteriormente, utilizaremos la estrategia de soporte que se refiere a sistemas de control de consumo (como el monitoreo de medios), medición de la audiencias, activación de vocerías, elección de temas específicos y la incursión en temas de posicionamiento, planos de incidencia, marcos de influencia y margen de maniobra de la agenda, interpretación del sentimiento y desarrollo del nombre.

En términos prácticos, aplicaremos tres niveles de comunicación. El primero será difundir y divulgar; el segundo, informar y apoyar y, un tercero, influir e incidir. En este sentido la gestión de la comunicación tiene como objetivo la creación de productos simbólicos, producción de contenidos de forma y de fondo que derivarán en acciones de corto y de largo alcance, ajustado a las necesidades del perfil.

Hablar en términos de la comunicación política puede resultar un tanto denso y áspero, sin embargo, hablamos de todo lo que está detrás, que muchos no pueden determinar a simple vista cuando estamos hablando de la función estratégica. De esta forma es como generaremos las condiciones propicias para echar a andar el marketing político, pero de forma consistente y planificada. Hay que recordar ese adagio que dice “Pasión sin método no corona”, en consecuencia, estaremos modelando una serie de principios con operaciones articuladas para generar el marco del posicionamiento o “top of mind”, como le dicen.

Ahora es necesario exponer las tres variables del entorno en el que se desarrolla la comunicación política, que son el aspecto conativo, límbico o afectivo y cognitivo.

En el área conativa, los mensajes están cargados de significado orientado a producir un efecto en el receptor, lo cual fue previamente analizado, estudiado y traído a la vida para impactar de forma que despierte el interés y permanezca como una idea de innovación a través del lenguaje, fácil de interpretar.

Por otra parte, el aspecto límbico o afectivo que no busca razones, sino corazones, donde el mensaje pueda penetrar emocionalmente y se pueda alojar gracias a una necesidad no creada, sino interpretada, como un sentimiento de oportunidad que florece con un argumento emocional que tocará las fibras más sensibles de los deseos y los anhelos enraizados en lo más profundo de los corazones.
Por último, navegaremos por el aspecto cognitivo, que será el campo de batalla donde expondremos al vocero emitiendo mensajes que permitan generar experiencias para la toma de decisiones, una inteligencia artificial que persuade a través del aprendizaje y el conocimiento, como un instalador de ideas, pero sobre todo, propuestas basadas en el razonamiento de los individuos, con elementos subjetivos, pero que pueden expandirse y migrar de lo individual a lo colectivo.

Todos somos personas en conflicto, y todos los conflictos necesitan soluciones, y es difícil decidir cuando tienes multiplicidad de opciones que suenan igual de contundentes. Desde este punto se segmenta el público, lo que no tiene que ver solo con lo económico, sino con la capacidad de liderar un mensaje estructurado y con fundamento veraz.
Si prestamos atención a la búsqueda de escenarios, veremos que quien tendrá mayor margen de maniobra será quien haya hecho un estudio minucioso de su entorno, aquel que está orientado a lo simbólico, a los significados y que ha logrado interpretar no solamente el problema, sino su solución.

Entonces, la comunicación política no es más que la suma de la operativización del lenguaje como herramienta transformadora, pues como dicen por ahí, el problema no es saberlo, sino comunicarlo.
En definitiva hay que dejar claro que la operativización del lenguaje no es la solución al problema, sino la gestión de la comunicación política en su máximo esplendor. En la medida que nos acercamos, incursionamos y buscamos el soporte, midiendo y ajustando.

Es importante saber que la lucha mayor está en la planificación de la estrategia. Siempre que las decisiones no sean base a elementos cuantitativos, sino supeditadas a elementos valorativos cualitativos.

 

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