Esta semana me quedé en shock múltiples veces al observar algunos accidentes fatales que fueron causados por descuidos. La noticia del joven universitario atropellado y el incendio que provocó que mas de 90 familias perdieran su casa me dejaron sin palabras. Ambos incidentes ocurrieron por un “pequeño descuido” que desembocó en una tragedia.

Es interesante reconocer que diariamente nosotros practicamos e incluso llegamos a permitirnos los pequeños descuidos. No nos preocupa manejar a altas velocidades, pasar un semáforo en rojo, no hacer un alto y un sin fin de cosas más. Hasta cierto punto, las imprudencias cometidas al manejar nos parecen obvias de realizar por el estilo de vida que llevamos. Parece que constantemente le decimos a todos: ¿Quién va a llegar a tiempo a su trabajo si cumple con todas las leyes de tránsito? Y por otro lado, mi experiencia con las bebidas alcohólicas es nula pero no me parece posible que una persona en estado de ebriedad pueda, entre su poca lucidez, considerar si sus actos están siendo inteligentes o por lo menos, inofensivos para las personas que le rodean.

Realmente estamos a punto de dar inicio a la época de fin de año, la cual me encanta porque muchas personas cambian su perspectiva sobre el mundo y se convierten en seres más sensibles y amigables. Pero también me preocupa que este tiempo venga porque inaugura un tiempo de excesos, descuidos y sobre todo, de peligrosidad. ¿Por qué? Muchas personas no toman conciencia de la vida que los rodea y le dan rienda suelta a sus deseos o vicios.

Estar involucrados involuntariamente en un mortal accidente de tránsito o ver su casa arder en llamas por un altercado entre personas en estado de ebriedad fue lo que ésta semana representó para algunos guatemaltecos. La peor parte es que si nos damos cuenta, las dos cosas sucedieron por pequeños descuidos. Porque ¿qué de malo puede pasar si me distraigo o manejo a una velocidad no permitida? O ¿qué tan peligroso puede ser que decida embriagarme con mis amigos y entremos en discusiones? Las respuestas son evidentes: cientos de personas sin hogar y una familia desconcertada por la muerte de un muchacho soñador.

Quiero invitarlos a que consideren la idea de vivir un fin de año sin que se admitan descuidos ya que todos, por más pequeños que sean, pueden desembocar en accidentes fatales. Seamos sabios, andemos con cuidado, tomemos decisiones asertivas y tratemos de estar despiertos y avispados ante cualquier situación con la que nos toque lidiar.

 

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