Los adversarios del Estado de Guatemala están fuera de sus fronteras. Entender ese fenómeno es retrospectivamente la historia del país. Siempre ha sido una política de coyunturas en las cuales se pierden tierras, personas. Las decisiones tomadas por otros para reubicar a guatemaltecos del “establishment” para que tomen decisiones hacen que la justicia no sea real sino instrumentalizada.

Me aterra la comprensión cuantitativa de los académicos, generadores de opinión, sociólogos, trabajadores sociales, comunicadores sociales cuyo mayor esfuerzo es cuantificar la dimensión de su ignorancia. De la condición en la que viven las personas nace su realidad histórica y una serie de actores que se despersonalizan en su acción y vulneraliza e individualiza el daño colateral para que el pueblo los vilipendie, los desprecie y los ataque mientras que sus acciones mantienen el statu quo inalterable.

Los cambios son tan sutiles que hacen pasar inadvertidas las intenciones perversas de los lacayos de la plutocracia fascinados de su poder y sus discursos pronunciados ante asambleas que con su espaldarazo les están reconstituyendo el desgaste de su acción en la destrucción de la institucionalidad guatemalteca.

Los microacontecimientos, denominados así por los criados, de los que dominan gobiernos nacionales a través de proyectos transnacionales y que la experiencia ha demostrado que el gran perdedor es el Estado de Guatemala.

El centro de gravedad de las decisiones jurídico-políticas, las cuales en nuestro país es imposible separar son en esencia relaciones económicas que fuera del libre intercambio de tratados internacionales vulneran la condición humana del guatemalteco.

El espíritu de la representación del Estado frente a sus seudo adversarios hacen que en suma los casos de corrupción sean menos del 1% con tendencia al descenso por la destrucción de la gobernabilidad mientras que la apropiación de capital y bienes de capital sin intervención del Estado este llegando a un alarmante 90%. Esto propicia que la inversión social de los indoctos académicos puedan ver un bienestar social estatal menor al 9% todo sobre el término keynesiano de Producto Interno Bruto.

El desgaste político jurídico constituyó el peor desastre en la historia desde la Fundación de la República de Guatemala en 1847. Sus dos revoluciones la del 30 de junio de 1871 y la del 20 de octubre de 1944 son opacadas por los crímenes cometidos por la diplomacia de los países que han renunciado a los principios que los fundaron en el mismo año de fundación de la Nueva Guatemala de la Asunción.

 

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