Habla cada quien de la feria según le fue en ella. Podríamos redactar de nuevo el famoso refrán cambiando el sujeto – feria por periodismo – mas no el sentido y quedaría así: Habla cada uno del periodismo según le fue con él. Por ello, no sorprende que el político de la vieja escuela hable de él con resentimiento, el gobernante corrupto con temor, el ignorante con desdén y el ciudadano responsable a veces con admiración y elogio y otras veces con frustración.

Se habla mucho del periodismo porque el periodismo habla mucho. Qué dice, cómo lo dice y para qué lo dice es parte de su vital importancia para el progreso o destrucción de una sociedad. Durante 364 días, todos opinan sobre una labor tan apasionante como arriesgada, necesaria como peligrosa. Pero el Día del Periodista se conmemora para que una vez al año sea el periodista y comunicador quien hable de periodismo; que sea el organizador de la feria quien hable de la misma. Suele entonces, ser una fecha en la que muchos adjetivos escupidos por las gargantas, teclados y plumas de diversos periodistas ven la luz.

Hay quienes lo consideran una fiesta en honor al matrimonio entre información y verdad, una unión indisoluble, fuerte como la misma convicción de sus hijos, sus guerreros los periodistas. Otros lo verán más como un día que sabe a cortejo fúnebre; el velorio de un periodismo objetivo que fue enterrado cuando la labor del periodista fue casi reemplazada por el ciudadano reportero en las redes sociales. Puede que algunos lo vean como un día más para celebrar otra profesión más, como lo es el día de la secretaria o el día del ingeniero. Toda labor, partiendo del significado de la palabra, es digna, todo trabajo es respetable.

Lo veo yo como un día de esperanza. Un recuerdo inmortalizado en el decreto 47-72 de una fiesta en la que hay que dar las gracias, buscar retroalimentación y seguir adelante. El Día del Periodista para los periodistas significa tres cosas: perdón, muchas gracias y con permiso. “Perdón”, por los errores cometidos a lo largo de tan importante profesión; errores que a veces son inevitables por el simple hecho de que el periodismo es dirigido por humanos y no por máquinas. “Muchas gracias”, por los elogios de aquellos lectores, televidentes, radioescuchas y consumidores digitales que valoran el esfuerzo que hay detrás de cada coma, cada sílaba y cada segundo periodístico. Y “Con permiso”, por todo aquello que traiga el futuro en materia periodística que seguramente será recibido con valentía, responsabilidad, libertad y honradez.

Sin más, colegas periodistas (viejos y jóvenes – profesionales y estudiantes): perdón, muchas gracias y con permiso.

 

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