Las propuestas y la aprobación que se van negociando para el presupuesto de nuestro país, cada vez más parecen asuntos personales. Es como si cada uno de los diputados y miembros de cualquiera de los organismos se sentaran a decidir quién merece tener la mejor tajada este nuevo año y a quién se le facilitará más el enriquecimiento ilícito.

Es increíble el descaro mediante el cual “los padres de la patria” hacen negocios con los bienes de todo un país. Ver los titulares de las noticias o sentarse por un momento para observar un reporte televisivo del congreso, es como ver a auténticos comerciantes tratar de hacer el mejor trato para su propia cartera.

Me parece desagradable que entre todas las cosas que les preocupan a nuestros dirigentes políticos, jamás veamos incluido el bienestar de los ciudadanos que se encuentran en mayor desventaja en el país. Según estos hombres y mujeres, en la orden del día deben incluirse únicamente sus propios negocios, a pesar de las múltiples muestras que el país escupe de sus limitaciones (altos índices de violencia, desnutrición crónica, un sistema de salud ineficiente y educación inexistente para una buena parte de la población).

Desde que nuestros políticos comenzaron a tomar sus cargos como una manera más de hacer negocios. Y desde que les permitimos que sigan burlándose irónicamente de la misma población que los escogió para ser sus representantes, Guatemala está cada vez peor. Es desconsiderado el trato para las poblaciones vulnerables e incluso se les hace invisibles.

El presupuesto 2018 debió haber sido planteado de manera que considerara las necesidades de todos los guatemaltecos. Debió haber prioridad para cumplir las necesidades más inmediatas de una buena parte de la población que no ha conocido jamás una manera fácil de mantenerse con vida, como usted y yo. Y de haber sido diseñado de ésta manera, el presupuesto debió ser aprobado.

Pero no ha pasado nada de eso. Viene el 2018, Guatemala seguirá igual de decadente, las personas seguirán sin conocer un proyecto de vida pleno y los diputados y trabajadores del estado seguirán creyendo que su trabajo es hacerse ricos.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo