Ayer inicia el primer domingo de adviento. Ese tiempo en el cual la familia cristiana guatemalteca se prepara para la celebración de la natividad de nuestro Señor Jesucristo.

Quisiera dedicar unas líneas a la familia. Ese grupo medular cuya presencia en la vida comunitaria en Guatemala empieza a resquebrajarse a todo nivel en el área urbana y rural influidos por una serie de cambios en el comportamiento social.

Las madres en muchas ocasiones pierden el sentido de continuidad y renuncian por trabajo, estudios, actividades religiosas, sociales a ese hecho tan importante que implica la formación de las nuevas generaciones. La corteza prefrontal que permite formar los valores unidas a emociones es responsable de la transformación de la mujer en madre y del hominino en ser humano. La especie vincula la constitución de vida y personalidad a través de ese intento de estar juntos madre e hijo en una diada de la cual ninguno puede excluir al otro.

Acercarse a la navidad es acercarse a sentimientos mutuos de vida y convivencia de cercanías, de perdón y humanidad.

La senda del mal en la cual múltiples guatemaltecos se ufanan a través de poder y justicia de resolver los problemas de la vida social han contribuido a destruir ese núcleo fundamental que nos vincula como pueblo, como guatemaltecos.

Recuperar el derecho no implica hablar de la ley como lo diría el sabio jurista Bruno Leoni sino significa entender que la vida comunitaria la vida en familia y la tradición que de unos a otros se transmite y nos permitirá llegar este año al 25 de diciembre con un verdadero sentimiento de felicidad y de armonía.

La vinculación con el futuro es la vinculación con los nuestros para construir esos canales perdidos que han caído producto de las revoluciones de la información sin la conceptualización de vida.

Deseo que el mensaje con el cual se inicie la navidad en 2017 sea un mensaje propio de las familias del siglo XXI que con todas sus preocupaciones y problemas se han olvidado de dedicar ese tiempo a construir puentes entre padres e hijos, de una vida social que no dependa de conceptos holistas propios del estructuralismo sino de la necesidad de que todos alcancemos los propósitos que hagan de nuestras acciones multiplicadores de armonía y bienestar en lugar de ese interludio satánico que se cierne en los que pretenden componer la vida del país.

Dios nos bendiga siempre.

 

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