Por Rudy Pérez 

Al inicio del mes más precioso del año, época en que la espiritualidad y el consumismo se toman un pulso y, que en nuestros tiempos el segundo rival casi siempre gana, nuestro país y su gente permanecen inmersos en ese caudal de preocupaciones (muchas veces infundadas), sobre la solvencia económica que se tendrá para “festejar” mejor las fiestas navideñas.

Desde los almacenes de élite hasta las sencillas pacas, se observarán a miles de bolsillos que se derrocharán o se ajustarán a un vasto o corto presupuesto según sean las posibilidades que “DIOS” permite. Y es que toca poner entre comillas al Creador, porque la adquisición de dinero en nuestra Guatemala, se vale de cualquier medio para sonreír a la corriente de necesidades que se presentan en estas fechas.

Pero hablando de bolsillos, pareciera que el del Estado es el más dispuesto a no dejar tristes a sus representantes. Mientras los guatemaltecos esperan el ansiado aguinaldo, un bono navideño o un premio por productividad, hasta un porcentaje de utilidades, los padres de la patria se sirven con la cuchara grande en un derroche de millones que los llevarán a preparar el próximo año con un relax en las playas o viajes ostentosos a países extranjeros. Al final la distancia hace el olvido.

Las recetas de millones no pueden ser comparadas con las recetas de tamales. ¿Puede creer el guatemalteco que observará a diputados o magistrados, una madrugada fría, compartiendo una taza de ponche con la gente pobre? Jamás, jamás…porque las migajas que pudieran dar a las personas necesitadas son tiradas al agua de un lujoso crucero o disfrutadas al azar en una mesa de Las Vegas. Lo que es del agua…el agua se lo lleva. Aunque después de todo, nombres y apellidos quedarán marcados en la historia sin pena ni gloria.
Llegará el quince de diciembre y el sudor de algún obrero estará esperando la recompensa de un año. Su trabajo es honesto y sincero. Y al hacer el recuento de los logros estatales este mismo año, se tendrá que notar un clima de más incertidumbre para el país.

¡Feliz Navidad!… señores Diputados y Magistrados. Bueno, no hace falta decirlo, porque a quien no hace feliz el dinero. Claro, este deseo debe hacerse antes que emprendan el vuelo y para que luego regresen en Enero a seguir en una interminable demagogia.
¿Cómo se podría proyectar un presupuesto para los pobres, el próximo año? De antología seguramente. Casi, casi, como pensar que Thelma Aldana, para Abril o para Mayo (como dice la canción de los Carrion), tendrá un poquito de coraje y querrá besar a Jimmy Morales.

Es admirable el espíritu en diciembre de los guatemaltecos. ¡Es tán inmenso! que no les importa si en la mesa hay platillos más grandes que otros.
Reflexion: A veces, sin el deseo de agitar, quisiera que nuestra República se convirtiera en un país Federal, al observar a nuestros vecinos mexicanos, donde el Congreso y otras entidades estatales son elegidas con más compromiso y responsabilidad.

Tal vez esa división nos haría más grandes. Cada quien velando por sus vivos y sus muertos.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo