“Los ratos de ocio son la mejor de todas las adquisiciones” Sócrates

El fin del año escolar es añorado por varios actores. Los alumnos cuentan los días restantes con  gran ilusión, soñando con levantarse más tarde, no tener obligaciones de tareas, y poder dedicarse a convivir con los amigos.  Los docentes visualizan un merecido descanso, después de haber corregido los controles de fin de año, de ingresar las calificaciones a los cuadros oficiales,  de haber entregado la planificación para el siguiente ciclo escolar y de gozar de capacitaciones profesionales, entrando al descanso generalmente a partir del quince de noviembre. Los directores, estando teóricamente en vacaciones, mantienen relaciones con toda la comunidad educativa, y hay hasta solicitudes de nuevo ingreso en fechas no pensadas. Y después de finalizar las variadas interacciones humanas, se inicia la labor física de mantenimiento, las reparaciones necesarias, las mejoras en infraestructura, la instalación de tecnología, el remozamiento de muros, pisos, etc. en preparación para el siguiente ciclo escolar.

Los padres de familia buscan sano entretenimiento para sus hijos para estos días; no deben estar en casa solos, pendientes de la televisión, del Internet,  con un ocio mal empleado. Los cursos de vacaciones se crearon con el fin de apoyar a los padres, y paralelamente provocar un aprendizaje práctico a través de actividades lúdicas  que complementan los talentos patentes en cada persona.

En todas las situaciones aludidas se goza de momentos de ocio, que no es holgazanería, ni haraganería ni aversión al trabajo, sino que como indicó el filósofo Josef Pieper,  “…íntima falta de ocupación, dejar hacer, callar. El silencio es presupuesto para la percepción de la realidad, la facultad del alma frente al ser, como percepción receptiva de la inmersión intuitiva y contemplativa del ser.”  El ocio, sutilmente dirigido, permite una auto contemplación y una profundizacion del conocimiento la vida interna, que guia las acciones de la vida externa. El ocio cede la escucha  al alma, sin el mundanal ruido de la rutina, el quehacer, los trabajos.

Las vacaciones, ”Descanso temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios.”  DRAE, nos conducen a reflexiones. El viaje a la playa, la pausa en casa, que pueda ser de momentos, o una temporada elegida, son unos de los momentos de ocio, momentos posibles para el desarrollo intelectual y espiritual. Los griegos dedicaban tiempo especificamente a la contemplaciñon, no como evasión del trabajo, sino que como un espacio íntimo,  creando la fundamentación interna, que propulsa la actividad externa.

El ocio es el bálsamo que crea un remanso de serenidad. Y en la vida del siglo veintiuno, permanentemente  acompañados por la tecnologia, las noticias, los rumores, la política, y demás distracciones, se olvida el cuidado del alma, y el ocio otorga ese tiempo adecuado para ello.

Las merecidas vacaciones de alumnos, docentes, padres de familia, dirigentes, y colaboradores deben ser motivo de una serena examinación personal, y no sólo de ocupaciones de entretención. El ocio contemplativo permite que el norte se afiance,  la descarga del estrés acumulado, la innovación en respuestas necesarias, el espacio para escuchar a las  personas alrededor, familia, amistades, pares y personas desconicidas. La examinación lleva a la sabiduria, el aprendizaje desde las lecciones de los errores sin auto recriminaciones , y de los éxitos sin presunciones.  La madurez filosófica nace en el ocio cuidadosamente  aprovechado.

Si en un momento se encuentre en un cómodo sillón, en contemplación de un paisaje extraordinario,  o con en libro provocativo que permite el viaje interno, no es motivo de culpa por utilizar el tiempo en una actividad aparentamente no productiva.  El gozo del ocio es esencial en una vida balanceada y brindará el respiro necesario para el inicio del nuevo año.

“El sentido no puede encontrarse únicamente en el trabajo ni únicamente en el ocio: si así fuera, seríamos seres humanos disociados, fragmentados. El trabajo y el ocio constituyen nuestras principales ocupaciones y, como tales, deben convivir armónicamente.”  Elizabeth G. Frías

 

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