Después de que el jueves pasado, los diputados no llegaron a un acuerdo que les permitiera avanzar la aprobación del presupuesto de “mal gasto” para el 2018 hubo diferentes reacciones. Hubo quienes festejaron mientras que otros lamentaron que el gobierno no tuviera aprobado gastar los recursos que había solicitado.

Algunos de los que festejaron lo hicieron por motivos políticos ya que el gobierno, una vez más, perdió el pulso ante la oposición en el Congreso. Es decir, el partido oficialista no logró los consensos necesarios para conseguir los votos suficientes para aprobar el presupuesto.  Lo que a su vez nos muestra lo compleja que pueden estar las negociaciones de la siguiente Junta Directiva.

Quienes lamentaron que no se aprobara el presupuesto, argumentaron que las áreas más afectadas serían seguridad y justicia, salud, educación y los programas de inversión principalmente. Según ellos, debido a que no se aumentó el gasto, entonces el gobierno reduciría lo asignado a estas áreas.

Sin embargo, uno se pregunta  ¿acaso Q77 mil millones no son suficientes para cumplir las funciones básicas del gobierno? ¿Por qué precisamente las áreas más importantes como la seguridad y justicia serán las más afectadas?¿Por qué  se mantienen los programas sociales duplicados en diferentes ministerios?¿Cuándo se realizará un censo para conocer la cantidad de burocracia contratada en el gobierno?

La mayoría de burócratas o estatistas están convencidos que es el gasto público el que genera la riqueza, por consiguiente, a mayor gasto, mayor desarrollo económico. Lo que olvidan, tal vez convenientemente, es que para poder gastar primero tuvieron que quitárselo a quien generó esa riqueza, al tributario.

El que no se haya aprobado, el presupuesto de “mal gasto” propuesto para 2018 es una buena noticia para el tributario que paga las cuentas. Es falso que el gobierno no tendrá recursos para atender temas como seguridad y justicia, lo que sí es cierto, es que no es prioridad para el gobierno.

El gobierno tiene a su disposición casi Q77 millardos, una cantidad  nada despreciable. Sin embargo, los políticos tienen tantos compromisos que nunca será suficiente, en especial cuando cada vez son más los que viven del dinero del tributario.

El aumento en el gasto público como lo demuestran los últimos años no ha incidido en una mejora en la calidad de vida ni de los más pobres ni de quienes pagan los impuestos, aunque sí, en muchos casos, de los allegados a quienes detentan el poder.

A pesar de todos los lamentos de algunos burócratas con respecto al presupuesto, el funcionamiento del gobierno no se detiene como tampoco se ha detenido el malgasto y despilfarro de los impuestos.

A pesar de todos los escándalos de corrupción  que se han conocido y que el sistema benefactor-mercantilista no ha cambiado ¿Seguirá creyendo que el gobierno debe no sólo quitarle más dinero sino también endeudar su futuro?

@Md30

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