El presidente de Estados Unidos Donald Trump anunció este miércoles algo que ya se esperaba: el mandatario reconoció a Jerusalén como la capital israelí.

Trump dijo que “Jerusalén es hoy y debe seguir siendo un lugar donde los judíos rezan, donde los cristianos pueden hacer el viacrucis, donde los musulmanes tienen su mezquita.

Sin embargo no se ha reconocido a Jerusalén como la capital de Israel, pero en el día de hoy finalmente lo reconocemos”, afirmó, según la cadena de noticias CNN.

“No es ni más ni menos que el reconocimiento de la realidad”, añadió.

Le indicó al Departamento de Estado que comience las preparaciones para mudar la embajada de Tel Aviv a Jerusalén.

Trump no atendió el llamado

Figuras como el papa y el presidente de Turquía se habían pronunciado acerca de la esperada noticia rechazando la declaración.

Instaron al presidente Trump a no hacerla. El Kremlin en Rusia también expresó su preocupación.

El anuncio acerca a Trump al cumplimiento de la promesa de su campaña de trasladar la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén, era una medida largamente buscada por Israel.

No la hicieron anteriores presidentes estadounidenses debido a las preocupaciones regionales y la disputa de Jerusalén entre israelíes y Palestinos.

Ambas partes reclaman la ciudad santa como su capital.

¿Por qué es un gran problema?

El estado final de Jerusalén siempre ha sido una de las cuestiones más difíciles y sensibles en el conflicto entre Israel y Palestina.

Si Estados Unidos declara a Jerusalén capital de Israel, se consideraría un prejuicio en esa cuestión.

Pues se decide una cuestión que se supone debe dejarse en las negociaciones y rompiendo con el consenso internacional sobre la ciudad santa.

Reconocer a Jerusalén como capital también mueve a Estados Unidos un paso más cerca de la reubicación de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén.

Ello se consideraría como un cimiento de la soberanía israelí sobre la ciudad.

¿Cómo se movería la embajada?

Logísticamente, mover la embajada a Jerusalén podría ser muy simple. Ya hay un consulado de EE.UU. en Jerusalén, mientras que la embajada permanece en Tel Aviv.

Podría ser tan simple como cambiar los nombres: crear la embajada en Jerusalén y un consulado en Tel Aviv.

El embajador de Estados Unidos en Israel mudará de su residencia en un suburbio de Tel Aviv a Jerusalén.

Pero eso sería casi la única parte simple. Mover la embajada corre el riesgo de desencadenar crisis diplomáticas con los Estados árabes.

Lo anterior podrían incluir protestas generalizadas fuera de las oficinas diplomáticas de Estados Unidos en esos y otros países.

Las ramificaciones de un movimiento de la embajada se sentirían lejos de Jerusalén.

Además, revertiría 70 años de consenso internacional, y, según muchos, sería una señal efectiva del fin de las acciones para lograr la paz entre israelíes y palestinos.

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