Quemando al cachudo

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Ayer fue un día lleno de tradición en nuestra Guate, la quema del diablo.  Me alegró mucho ver que nuestras tradiciones sobreviven el paso de los años.  También sobreviven a pesar de las crisis económicas, de la incertidumbre, del cierre de muchas empresas por falta de ventas, de la pobreza extrema, de la falta de trabajo y de oportunidades.  Eso es lo bueno de nosotros los chapines, nos ponemos las pilas, olvidamos por un momento todo lo que está sucediendo y celebramos.

Me parece que el diablo de piñata que se quemó ayer es solo uno de los tantos que debemos quemar.  Yo empezaría chamuscando el odio y el resentimiento que destila en redes sociales, en reuniones, en los medios, en los actos y declaraciones de muchos funcionarios, incluyendo a algunos extranjeros.

También es urgente quemar las desacreditaciones que unos dan a otros solo por pensar y opinar diferente.  “Corrupto” es la respuesta automática, a todo, sin ni siquiera tener evidencia.  Es corrupto aquél que se atreve a pensar diferente de otro que cree ser poseedor de la verdad absoluta.

Lo siguiente en la lista es ese diablo que se les mete a los políticos en sus decisiones, o falta de éstas.  Tenemos un sistema vial totalmente colapsado y desastroso.  Un sistema de salud que escasamente resuelve los padecimientos mínimos de la población que no tiene otra opción más que acudir a los hospitales públicos.

Chamusquemos con gasolina a toda esa politiquería barata que genera pésimas decisiones, como dar bonos a los empleados públicos porque “la vida está cara”, “se gasta mucho en esas fiestas”, “trabajamos mucho todo el año”, y cualquier otra ridícula excusa.  Como no es dinero de los dirigentes funcionarios, pues aceptan para estar “en buenas relaciones” con sus trabajadores.  ¿Y si ese dinero se invierte e salud, educación, reparación de carreteras, agua potable, lo que sea, de beneficio para TODOS, y no solo para unos cuantos burócratas?  Después de todo, ese dinero sale de quienes pagamos impuestos.

Prendamos el fósforo encima a la falta de oportunidades que enfrentan los 150,000 estudiantes que se acaban de graduar de diversificado.  Que se queme hasta lo que les impide encontrar un trabajo generar un emprendimiento, tener un mejor nivel de vida.

Usemos todos los fósforos que haya para quemar esa ideología destructiva que está penetrada en el sistema de justicia y que impide que empresas decentes continúen trabajando, generando empleo e impuestos que servirán para pagar los salarios de esos mismos que no las dejan trabajar.  Esa ideología que busca intimidar a las empresas porque, para ésta, esas son el demonio que hay que destruir.  Con shows mediáticos, acusaciones públicas sin pruebas y violación al debido proceso, generan más pobreza y subdesarrollo.  Quienes deben algo, que se les demuestre siguiendo el debido proceso y que asuman las consecuencias correspondientes.  Toda esa “parafernelia” debe quemarse hasta lo último.

Quisiera tener mucha gasolina, antorchas a llama ardiente y todo tipo de sistemas incendiarios para chamuscar toda la pobreza, el subdesarrollo, la falta de oportunidades, que enfrentan tantos guatemaltecos a nivel rural principalmente, por el abandono del Estado en todas sus manifestaciones: educación, salud, justicia, infraestructura, etc.

Si con una llamarada quemáramos esa pobreza y generáramos un campo fértil para que tantas personas pudieran salir de esa miseria y tener una mejor vida, yo sería la primera en prender el fósforo.  Lamentablemente, no es así.  Hay mucho trabajo por hacer para que todo en Guatemala sea campo fértil para cultivar empleos, salud digna, educación de calidad, justicia “justa” y no parcializada y sin ideologías y seguridad para poder vivir en paz.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo