El día del locutor

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El mismo 7 de diciembre que en Guatemala se quema al diablo hecho piñata, también se celebra el día del locutor. Y aunque no estaba en mis planes ejercer ésta profesión, qué gusto tan grato me dio encontrar un día para celebrar este trabajo que me hace vivir días maravillosos bajo el principio clásico de que “si amas lo que haces no trabajarás un día en tu vida”.

La locución es un acto maravilloso de realizar. Destruye límites que creíamos insuperables. He conocido personas demasiado tímidas y solitarias, que se transforman en una cajita de sorpresas extrovertidas cuando comienzan a hablar detrás de un micrófono. He sido testigo también de cómo un ser humano puede crecer y aprender de múltiples vidas gracias a la interacción diaria que sostiene con miles de personas.

A mi me encanta pensar, que la radio no se puede acabar. Que es atemporal y seguirá llenando casas vacías y vidas silenciosas por mucho tiempo más. No he conocido otro medio de comunicación que sea como la radio, pues a comparación de la televisión, un periódico o las redes sociales… no se siente como un acto formal de comunicación, sino una manera de sentirnos acompañados. La accesibilidad, es una de las mejores características que posee.

Es una fascinante sensación abrir un micrófono y no poder imaginar la cantidad de personas que está esperando que nuestra voz le hable, le anime, le haga sentirse a gusto con el día. Y cómo sé cuánto aman los locutores su trabajo, quiero felicitarlos por su día. ¡Que sigan llenando de palabras y alegría nuestros días! Gracias por la compañía, por la fiel presencia y por convertirse en amigos desconocidos pero también, de alguna extraña manera, amigos que nos pertenecen.

 

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