Guatemala, país de los duendes reconocidos

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Por Rudy Pérez

Cuántas veces hemos escuchado historias de duendes. Esos personajes que desaparecen cuando quieren y, pueden ser buenos o malévolos.

Algunos enredan las crines de los caballos o los cabellos largos y sueltos de las damas por la noche. Enamoran a las mujeres con fingidas serenatas, para luego, ganarles sutilmente el alma. A menudo, aparecen en la obscuridad porque les gusta jugar con el miedo de las personas.

En Guatemala existen muchos duendes, pero a diferencia de los nocturnos, a éstos les gusta desaparecer principalmente en las fechas de diciembre y, se cree, los han visto asoleándose en tierras lejanas. Son seres picarescos que hacen sus travesuras en un lapso de once meses, dejando a su paso desolación y pobreza. Han creado, dicen, sus propios mecanismos de defensa, con corazas de dinero que les permiten invernar super protegidos, abrigados con indiferencia y aprovechamiento de los desvalidos.

A través de la historia fueron dándose a conocer en muchos países, hasta adoptar el nombre de políticos.

En Guatemala se han multiplicado, porque el mejor alimento que tienen se llama ignorancia.

En su labor diaria, igual que las nutrias, van creando ingeniosamente presas, que no permiten que la corriente del desarrollo social fluya entre los más necesitados.

Se ha comprobado que no son seres mitológicos. Nacen, crecen, se reproducen y…se aprovechan, porque se crean a través de la voluntad de los mismos pueblos. Aunque aún, en su fisiología son de carne y huesos (camuflaje que algunas veces les hace pasar desapercibidos), los delata la poca inteligencia para realizar proyectos.

La ciencia ha descubierto que son seres solitarios. Cuando tratan de socializar con seres de su misma especie, generalmente tienen diferencias, las cuales se muestran con agresiones verbales y físicas. Aunque tienen algo en común, pues estando en reuniones, jamás llegan a nada. Expertos para hablar, inútiles para proceder.  También de lo último de la ciencia, a través de comprobaciones se descubrieron lugares donde incuban y reciben el nombre de curules. Lo alarmante es que cuando se abren los huevos, se comen a sus propias crías, para seguir en solitarios sus dominios. Comienzan a incubar a los cincuenta y tantos años y no tienen distinción de sexo.

En la actualidad se les ha dado por vivir congregados, mas no tema, es más que imposible, que en diciembre aparezcan en algún barrio necesitado.

 

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