En el marco del  “Día internacional contra la corrupción” que se celebró el fin de semana pasado, hubo algunas actividades para “refrendar” la lucha contra este flagelo que golpea no sólo a nuestro país sino a toda la región.

Entre debates y foros, se criticó la falta de compromiso del Legislativo y del Ejecutivo para combatir este problema.  Algunos analistas consideran que no se ha hecho lo suficiente, o peor aún, que se han aliado para procurarse la impunidad.

Las decisiones y las acciones de algunos diputados en el Congreso dejan mucho que desear y parecieran confirmar las sospechas de que no les interesa el tema o que incluso buscan blindarse de posibles consecuencias.

Cuando se habla del combate a la corrupción, desafortunadamente, se enfoca sólo en la persecución penal en contra de los corruptos, la cual es deseable pero seguiré insistiendo no es la única forma ni la más eficiente para luchar en contra de la corrupción.

Mucho se habla de combatir la corrupción pero ¿cuánto ha escuchado acerca de limitar el poder de los burócratas, de eliminar tantas trabas burocráticas, de quitarle  funciones al gobierno?

Para combatir la corrupción, el gobierno de Jimmy Morales no necesita de muchos recursos sino de la “voluntad y valentía política” para iniciar con cambios que no requieran de la intervención del Congreso.

Puede empezar por eliminar toda la “tramitología” en las licencias, registros y demás reglamentos que sólo han servido para “extorsionar”  a los ciudadanos o para “coludirse” con los mercantilistas. También iniciar cuanto antes con el censo de los burócratas en el Estado, revisar los pactos colectivos en los ministerios y demás organismos del gobierno son sólo algunas de las acciones que Morales podría comenzar a hacer pero que en dos años no ha “podido o querido” realizar.

El Congreso por su parte debe desregular en lugar de aprobar leyes nefastas que aumentan no sólo las funciones del gobierno sino el consecuente aumento de poder, muchas veces discrecional, de los burócratas. Fiscalizar las acciones del gobierno en lugar de repartirse el botín que al parecer representa el presupuesto cada año. Además de abrir a la competencia la participación política en la elección de los políticos.

Para combatir la corrupción no basta con encarcelar a los corruptos, se debe examinar y descubrir la raíz de la misma, la cual en muchos casos está estrechamente relacionada con el poder discrecional de los burócratas y las regulaciones excesivas que impiden actuar al ciudadano sin el permiso de algún burócrata.

El combate a la corrupción dudo que alguna vez sea encabezada por la mayoría de políticos de forma espontánea, sino que será empujada por los tributarios con ideas claras que hayan entendido que no es con más poder al burócrata como se reduce la corrupción, sino por el contrario, es minimizando la participación del gobierno a funciones básicas como seguridad y justicia.

Cuando el tributario tenga las ideas claras y exija los cambios necesarios, será entonces cuando el político no tendrá más opción que iniciar los cambios. Mientras tanto, cada año se echaran la culpa unos a otros y ofrecerán más gobierno para combatir la corrupción.

@Md30

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