Los Derechos Humanos y la Empresa

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Nuestros derechos fundamentales son la libertad, el derecho de propiedad y el derecho de estar libre de agresión. Cada individuo es el dueño de su propia persona puesto que tiene el derecho de su propio cuerpo y de su libertad personal. Sin embargo, este derecho no compra la libertad de agredir a otros individuos. No tenemos el derecho de hacer lo que queramos, en donde queremos. Si admitimos eso, inadvertidamente admitimos que cualquiera tiene el derecho de hacer lo que quiera sobre nuestro propio ser.

Si tenemos el derecho a la libertad de pensar, sentir, hablar, escribir, e interactuar, también tenemos el derecho de ser dueños de cosas materiales. Si una persona tiene el derecho de controlar su propia vida, también tiene el derecho de sostenerla, de trabajar, de usar su creatividad, de transformar los recursos que le rodean, y de poseerlos. Aceptar los derechos humanos, requiere del derecho de propiedad en un mundo material. Y los derechos de propiedad se refieren únicamente a los seres humanos, no a objetos u otros seres vivos sin una corteza prefrontal. Pensar lo contrario es una dicotomía.

Las personas tenemos el derecho y libertad de realizar acuerdos voluntarios, ejercer contratos previamente consensuados, o intercambiar con otras personas, otros dueños de propiedad. Lo hacemos en nuestras interacciones de todos los días. Ejemplos simples incluyen el acuerdo de comprar un cono de helado, intercambiándolo por dinero o el acuerdo de entrar en una relación personal con otra persona. Pero el principio de no-agresión en estos intercambios debe ser mantenido, de lo contrario, incurrimos en violaciones a la integridad de otra persona.

Las empresas emergen cuando un individuo o grupo de personas generan un producto o servicio a través de sus procesos creativos y la transformación de recursos. Así como los seres humanos tenemos el derecho de ser nuestros propios dueños, se traslada que las empresas tienen el derecho de controlar lo que poseen y de realizar acuerdos voluntarios e intercambios con otras personas u otros dueños de empresas. Así como los seres humanos debemos mantener el principio de no-agresión, las empresas deben también evitar violar la integridad de otros y de no agredirlos. A la vez, deben internalizar las externalidades que generan para asegurar que su proceso empresarial sea responsable. Sin embargo, debe mantenerse el principio que otras personas no tienen el derecho de agredir la propiedad de las empresas. Si toleramos a que terceros pueden agredir empresas, permitimos que las empresas puedan agredir a terceros o a personas individuales. Pensar lo contrario es, nuevamente, una dicotomía.

Las instancias en que los derechos humanos son violados, son instancias en que la propiedad no está claramente definida. Las personas y las empresas que han sido víctimas de agresión, no tienen una defensa justa. El Estado tiene un rol importante que jugar en la definición y la defensa de los derechos. Sin embargo, los gobiernos son ineficientes, carecen de conceptos claros, y sufren de corrupción. Cómo hacer que los gobiernos sean más eficientes es un tema para elaborar en otro momento. Si hemos de tener derechos humanos, hemos tener derechos de propiedad individual y empresarial que estén claramente definidos y defendidos por nuestras instituciones gubernamentales con principios éticos y morales. Con un sistema legal que establezca y defienda derechos, generaremos más valor en nuestra sociedad.

 

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