Hace poco estaba escuchando en una estación de radio consejos para evitar asaltos en estas fechas y honestamente no pude evitar sentirme molesta por todo lo que se decía que había que hacer, o dejar de hacer, para no terminar siendo asaltado. Me pareció frustrante porque encuentro muy injusto tener que dejar de hacer cosas para evitar estas acciones. “Es qué si usted sabe que los ladrones buscan joyas, por qué va a usar reloj.” O comentarios parecidos. Estas son situaciones que verdaderamente truncan la libre locomoción de los guatemaltecos y todos, de alguna manera, hemos decidido aceptarlas. Una vez más se comprueba que la seguridad es un tema urgente que siempre es relegado y le toca a la población sentirse parte del problema.

Esta misma semana en un noticiero de la televisión, ponían la imagen de una mujer fallecida y se podía distinguir, claramente, el río de sangre formado a consecuencia de las heridas que provocaron su muerte. Aunque la imagen estaba difuminada, todo se podía distinguir fácilmente. Vuelvo una vez más a preguntar ¿Cuál es el sentido de hacer algo así? Familiares o amigos que vean está imagen revivirán el dolor de haber perdido a alguien por la violencia. Además, ¿Acaso las personas dejan de tener dignidad por haber fallecido? ¿O es porque fallecieron por violencia?

Y otra cosa que hace que nuestro país se vuelva triste sin duda son nuestras autoridades. Tras cada una de las desafortunadas decisiones que toman y que más temprano que tarde repercute en el país, y además que se auto recetan salarios enormes en un país tan pobre como el nuestro. Algo no cuadra, ¿verdad? Mientras los campesinos trabajan bajo cualquier clima y ganan una miseria para poder sobrevivir, la mayoría de nuestros políticos parecen solo estirar su mano y recibir sus jugosos sueldos, siempre, contra viento y marea.

No voy a negarlo es desalentador todo lo que ocurre, o al menos la mayor parte de las cosas que pasan. Pero, es un hecho que nosotros desde donde estamos también podemos ir marcando la diferencia de a pocos. Exigiendo, y, sobre todo, eligiendo, hacer lo correcto en todo momento y en todo lugar. Luego más personas se animan a seguir ese ejemplo y lo hacen y contagian a más y así sucesivamente hasta que se logra un cambio grande. Hay cosas tristes, pero también es cierto que desde donde estamos podemos dar nuestro aporte para que esto llegue a ser diferente.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo