Eliminando la corrupción, los sistemas socialistas tienden a ser más corruptos.

Se le ha atribuído al capitalismo ser una forma de gobierno donde existirá corrupción porque algunos empresarios intentarán con los medios que tienen a su alcance, el poder económico, comprar favores para que les sean adjudicados contratos y favores o privilegios.

Muy a propósito, por esas razones que uno puede explicar únicamente como un sentido de solidaridad humana de protección al más débil, al funcionario que utiliza su poder para exigir, coaccionar o cualquier otra forma que la función de su puesto le permita aprovecharse de su discrecionalidad para hacer un favor – como poner adelante un expediente que vino después que otro – hasta la utilización de su capacidad de autorizar o de denegar cualquier tipo de asunto, desde una compra, adjudicación, un prerrequisito, hasta la autorización del pago.

La relación de poder entre el empresario y el funcionario, de la misma forma que es asimétrica en cuanto al poder económico, es asimétrica en cuanto
al poder real, el funcionario es poderoso, y en lustros sistemas es el poder absoluto. Las relaciones de poder no las siente el ciudadano común, por lo que hasta que no las siente el ciudadano común, por lo que hasta que no lo vive en carne propia, siempre se solidarizará con el funcionario, por la percepción de inferioridad en la relación económica, qué es más visible.

Por la naturaleza humana, todos somos incapaces de cumplir con toda la ley o de hacer el bien. Existe la ex‐ plicación teológica proveniente de la tradición judeo- cristiana del pecado original y esa tendencia a hacer el mal, además de la explicación nuevo testamentaria de la necesidad del reconocimiento de la incapacidad de cumplir la ley para poder ser salvados y justificados por la fe. En otros aspectos, como el sicológico se entenderán como desórdenes, carencias, naturaleza humana no perfecta o sin construir. De cualquier forma, se entiende, teóricamente y en la práctica, que el ser humano tiende a hacer el mal o a realizar actos corruptos si las condiciones, internas y externas, se lo permiten.
Tanto el empresario que ofrece una “mordida”, comisión o soborno a un funcionario, así como el funcionario que la pide, de forma activa o pasiva, hacen corrupción.

Entonces, para prevenir los actos de corrupción hay pocas salidas: 1. castigar a quienes hayan cometido esos actos de corrupción, tanto los sujetos activos como los pasivos, para que sirvan de ejemplo a otros y se resistan a cometerlos; 2. evitar los contratos a em‐ presarios para que no tengan como cliente al Estado, que difícilmente tiene las mismas motivaciones que los ciudadanos comunes y corrientes para controlar los ciudadanos comunes y corrientes para controlar el gasto, porque el funcionario que autoriza no es dueño del capital, y que los empresarios no reciban los recursos del mismo y 3. que los funcionarios no tengan la discrecionalidad y el poder para autorizar y denegar a su antojo o su criterio personal, sino basado en protocolos o sistemas predeterminados.

No se puede eliminar los dos últimos factores en un sistema socialista donde el Estado cada vez tiene más poder y más funciones. Cada función nueva del Estado traerá nuevos actores privados vendiendo
sus productos y servicios y cada trámite, cada paso, proceso, autorización o licencia nueva es un incentivo para un funcionario a exigir una compensación. No debemos olvidar que también cada paso, proceso o licencia incrementa los costos, y por ello mucho de lo que se vende al Estado tiene costes superiores al mercado privado.

El capitalismo demanda que cada vez exista más mercado libre para suplir todo aquello que la sociedad, los individuos demanden. Los usuarios o sus intermediarios se convertirán en sus aliados en la búsqueda de mejores precios y calidades. Si alguien de las partes no cumple, el sistema de justicia dirimirá los conflictos.

La solución socialista siempre intentará que desde
el Estado haya más controles que protejan a los individuos, al bien común… Esperan que los seres humanos actúen siempre bien, que todos los funcionarios y empresarios sean probos y probados… funcionarios y empresarios sean probos y probados… ¡pero eso es imposible! La naturaleza humana hace que hasta los más justos puedan cometer errores y de gran tentados. Sólo se necesita un porcentaje de malos para que las estructuras se derrumben.

El sistema socialista es contra la naturaleza humana porque exigirá, en diseños muy nobles pero imposibles de cumplir, que se controle todo y actuaciones de san‐ tos y heroicas permanentemente, sin tomar en cuenta costos, propensión al mal y relaciones de poder. Los sistemas socialistas tienden a ser más corruptos.

El sistema capitalista quiere que el Estado no controle las relaciones entre los individuos sino en los derechos fundamentales, cuando estos sean violentados. Requiere menos controles porque estos se irán sucediendo conforme la demanda lo exija u otros oferentes lo mejoren. El incentivo perverso de mamar de la ubre del Estado se elimina y la competencia exige eficiencia, innovación, creatividad, eficacia, garantías, permanencia y otras.

El sistema que tenemos hoy es perverso y no puede llamarse capitalista porque las funciones las tiene el Estado, el poder los funcionarios y el dinero sale del Estado.

Sí queremos eliminar la corrupción de nuestros sistemas lo debemos hacer cambiando este modelo socialistoide de controles y funciones del Estado para otro donde las prioridades del Estado se centren en sus funciones básicas. Además, para eliminar discrecionalidad de funcionarios se debe, urgentemente, automatizar todos los procesos.

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