Dos años después de la tragedia que las personas que vivían en El Cambray II, las casas están listas para ser habitadas. Personalmente, jamás me he mudado o he tenido que vivir en un lugar que no sea mi hogar; pero no se necesita mucho para saber que dos años para recuperar un espacio que creíamos nuestro, es demasiado tiempo.

Cuando ocurren desastres como el que ocurrió en el Cambray II, nuestro país está acostumbrado a ser solidario. Guatemala reacciona pero lo hace de una manera superficial, cumple con lo del día, como si eso lo solucionara todo. Por demás está mencionar el hilo de meses que le siguen a las tragedias, en los cuáles los afectados se quedan solos.

No puedo imaginar cómo sería volver un día a casa y encontrar sólo escombros. Y mucho menos puedo imaginar lo difícil que debe ser quedarme sin hogar por tanto tiempo. Emigrando de espacio en espacio, acostumbrándome a nuevos lugares y entre todo esto, andar sin poder encontrar mi lugar.

Lo menciono porque El Cambray II nos pareció algo trágico en la semana que sucedió. Pero parece que mientras pasaron los días, olvidamos que familias como las nuestras y que personas como nosotros, quedaron más vulnerables que nunca. Y eso es un crimen normalizado que el Estado sigue haciendo cada día: el abandono.

Hay muchas otras áreas que están en peligro, pero se les ignora. El gobierno apenas puede con todo lo que sale mal, como para ponerse a prevenir. Y así, seguimos poniendo a tantos guatemaltecos en un lugar inseguro cada día.

Dos años después, los vecinos del Cambray II por fin tienen un nuevo espacio para llamar “hogar”. Tuvieron que esperar demasiado, pero me alegra saber que ahora ya tienen un lugar en el cuál echar raíces nuevamente.

 

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