¿Tienen las empresas la obligación de invertir en el país? Antes de que responda piense con la mano en la conciencia y no tiene porque admitirlo públicamente, si usted es dueño de una empresa ¿se siente o sentiría la obligación de hacer beneficencia? La filantropía es algo que debe nacer de la persona, no es una obligación, es una elección, libre y soberana del individuo o producto del consenso entre quienes dirigen una empresa. Muchos en Guatemala critican al sector productivo, olvidando que sector productivo es todo aquel que arriesga sus medios para producir algo, sea un bien o un servicio, y sea en el monto que sea. Es decir, tan empresaria es el dueño de la abarrotería del municipio o la señora que tiene su puesto en el mercado, como el dueño de una multinacional que realiza negocios de gran envergadura.

Si analizamos en Guatemala, a conciencia, hace 15 años no veíamos a los señores empujando sus carretas de fruta en la calle con el celular en la mano, o a las trabajadoras del hogar caminando perritos mientras textean en sus celulares. Hay más celulares que ciudadanos y ya estamos en torno a los 16 millones de habitantes. En muchos municipios tener celular o señal de internet eran conceptos foráneos. Quién recuerda tener que hacer cola para usar el teléfono público, que afortunadamente, aún existen en algunos puntos de las carreteras. El hecho de que ahora haya señal de celular o haya energía eléctrica significa que hay más prosperidad. Y que decir de la cantidad de vehículos registrados en el país. Con el tráfico que existe, no podemos decir que sólo el 2% de la población tiene vehículo.

Sin la inversión privada nada de eso y tantas otras cosas existirían. Y reitero, por emprendedor se entiende todo aquel que “emprende” una actividad con fines de lucro, sea de bienes o servicios.

Es así que vemos que tan filántropo es la señora dueña de las tortillerías que le ayuda a una vecina en aprietos monetarios, como la empresa que invierte en escuelas o universidades, hospitales o dispensarios médicos, carreteras, infraestructura, pozos de agua potable, o cualquier otro elemento que sea de beneficio para la comunidad.

Es así que llego al punto interesante, al que pocos chapines conocen, porque criticar es fácil, especialmente cuando se ignoran muchas cosas. Hablemos entonces de las grandes corporaciones, las grandes empresas, que tienen fundaciones y otras actividades de beneficio social. ¿Porqué? Porque lo bueno hay que decirlo.

He tenido el gusto de conocer diversos profesionales indígenas cuyas identidades no disemino por que ellas así lo han querido, que gracias a diversas fundaciones han logrado alimentar su anhelo de superación, educarse, y llegar algunos inclusive a alcanzar el doctorado en el exterior. Guatemaltecos que demuestran que el anhelo de superación sumado a las oportunidades, pueden llevar al individuo muy alto. Estas cosas son relativamente fáciles de corroborar. Basta con llamar a las fundaciones para obtener mayor información.

Fundaciones privadas dan becas en el interior, hacen escuelas que equipan y pagan maestros y utensilios para que los hijos de sus trabajadores se eduquen, incluyendo educación y centros de capacitación para adultos. Construyen carreteras y puentes que si bien les son útiles también lo son para las comunidades dónde operan. Todas las fundaciones cumplen una función social, y no me parece justo alabar a las ONGs que fomentan el odio y condenar a las entidades que si dan asistencia substantiva. Mucho de lo que el gobierno no puede hacer, lo realiza el sector productivo.

Aniquilar al sector productivo, principal motor de prosperidad, es aniquilar a Guatemala.

La filantropía es pues una acción derivada de la voluntad y no de la obligación. Quienes dan lo hacen por el deseo de ayudar, no porque alguien los obligue a hacerlo. Sólo una mente resentida no entiende que quien quiera que da, en el grado que sea, es admirable. Guatemala necesita más gente que quiera ayudar, no criticar. Guatemala amerita más ciudadanos que tomen responsabilidad de sus propios actos, que no se escuden en otros o en elementos ajenos a sí mismos. Guatemala merece es esfuerzo y no el odio, el apoyo y no la traición. Pero es un concepto que únicamente se entiende cuando se comprende que ayudando a otros nos ayudamos a nosotros mismos.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo