Se acerca el fin de 2017, un año por demás convulso y lleno de eventualidades, pero, por la gracia de Dios, un año en el que la ciudadanía despertó de su antigua apatía y miedo, y juntos empezamos a luchar contra las fuerzas que ideológicamente quieren cambiar para mal a Guatemala, a pesar de que por 30 años no ganan, ni ganarán las elecciones, pues la inmensa mayoría de los guatemaltecos somos conservadores de derecha y tenemos creencias religiosas y cristianas muy arraigadas por más de 500 años.

Al finalizar cada año, le damos gracias a Dios y a María Santísima por todas las bendiciones recibidas. Recordamos que la Navidad y las fiestas de fin de año son celebraciones cristianas que rememoran el Nacimiento de Dios, Nuestro Señor, en Belén, en la Tierra Santa en Israel, que recibe el año 2018 con el reconocimiento norteamericano liderado por el presidente Trump de Jerusalén, la ciudad del rey David, como la eterna capital de Israel, una decisión atrasada por 15 años por el gobierno estadounidense hasta ahora.

Guatemala ha pasado por una crisis institucional muy fuerte en 2017. Se intentó defenestrar al presidente democráticamente electo por el complejo CICIG-MP-embajadas, con un caso muy mal planteado por el MP de financiamiento electoral anónimo, y encima planteado como retaliación por la declaratoria en Guatemala de “non grato” a Iván Velásquez, comisionado de CICIG.

Las consecuencias internacionales del precedente del fallo ilegal de tres magistrados de la CC para amparar a Velásquez y violar la Convención de Viena, usando un fallo de derecho interno, es nefasto para todos los diplomáticos del mundo, pues si la ONU acepta para sí ese amparo ilegal planteado por el PDH a favor de Velásquez para evitar su expulsión, cualquier país del mundo podrá excusar en el antecedente y precedente causado por Guatemala para apresar, encarcelar o vejar en sus derechos a cualquier diplomático en cualquier lugar del mundo. Ya que si se puede beneficiar espuriamente a un diplomático de una comisión de ONU, violando la Convención de Viena (cosa que expresamente prohíbe la misma) con un fallo de derecho interno, también se le puede afectar o violar en sus privilegios y protecciones por el Estado receptor.

El golpe de Estado contra el presidente no pasó, no pudo el complejo ya mencionado derrumbar otro gobierno, pero el gravísimo problema es que la clase política tampoco ayudó a mejorar el clima de gobernabilidad democrática con sus acciones.

Todos asistimos este año al desastre de reforma penal de reducción de penas y excarcelación de más de 400 delitos del código penal y la justificada protesta masiva contra el Congreso por dicha desastrosa reforma.

La crisis nos dejó golpeados a todos, pues la clase política maltrecha no resolvió la crisis correctamente, archivó ilegalmente el proyecto de ley ya aprobado por esa mayoría de 107 diputados, no se permitió que se cumpliera el veto presidencial, que era el procedimiento correcto, y se hizo otro amparo ilegal otra vez por el PDH para detener el envío del proyecto de ley desastroso ya aprobado por el Congreso a la Presidencia para que el presidente Morales lo vetara como toda la población pidió.

Se intentó vapulear y se agredió físicamente a diputados en las afueras del Congreso por una turba violenta y con algunos alcoholizados la noche del 14 para el 15 de septiembre, y otra turba intentó, sin éxito, agredir a los cadetes de la gloriosa Escuela Politécnica, impidiéndoles izar la bandera nacional en el Parque Central, el 15 de septiembre.

El Congreso falló, falló la presidencia al no ejercer la autoridad presidencial y terminar la expulsión de Velásquez, falló la CC al hacer un amparo ilegal, y falló el PDH al plantear varios amparos ilegales, hicieron chapuces y no resoluciones ni acciones apegadas a derecho.

Se logró defender la Constitución por grupos ciudadanos como Guatemala Inmortal, Liga Pro Patria, sector privado organizado, abogados y profesionales preocupados y afanados por el país, y muchos grupos organizados de empresarios, ganaderos, industriales, agricultores, intelectuales, académicos y hombres y mujeres comunes pero que aman a Guatemala, grupos de ciudadanos y empresarios preocupados por la soberanía y la integridad del derecho y la Constitución. Logramos, entre todos, salvar al país del desastre de reforma constitucional planteada por el complejo ONG-MP-PDH-embajadas-CICIG y la ciudadanía liberal y conservadora empezó a aliarse para enfrentar estas gravísimas amenazas a la República y a la gobernabilidad democrática en Guatemala.

El modelo de intervención extranjera dio resultados favorables para el país en 2015, con la aprehensión y caída del corrupto gobierno del PP, pero se dejó a la maquinaria corrupta de la UNE, sindicatos y ONG extremistas intacta. Lo dicho, fue un año convulso. ¡Guatemala es nuestra! ¡¡¡Recuperémosla!!! ¡Estado de derecho y lucha contra la corrupción, sí; ocupación y conquista, no!

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo