Franklin Delano Roosevelt (FDR) es uno de los presidentes que mayor huella ha dejado en la historia del mundo. Ganó por primera vez la presidencia en 1933 con la mayoría de votos (57%) y gobernó Estados Unidos hasta su muerte, en 1945. El haber permanecido doce años en el poder es una de las grandes críticas hacia su gobierno. Aún así es considerado uno de los mejores presidentes que este país ha tenido.

En la década de los 30, Estados Unidos se encontraba en una de las crisis económicas más agudas que la humanidad ha presenciado, la gran depresión. Durante su campaña, FDR ganó popularidad rápidamente porque prometió sacar al país de tal penuria, ¿cómo? Con el New Deal  (Nuevo Acuerdo en español).

El Nuevo Acuerdo de FDR consistía en una serie de programas federales y políticas públicas, cuyo principal objetivo  era ponerle fin al desempleo masivo en el que se encontraba un número récord de estadounidenses. La necesidad era tal que alrededor de 12 millones de personas (25% de la población), no tenía trabajo y un millón no tenía techo en dónde habitar. El Nuevo Acuerdo pretendía alcanzar cuatro metas, (i) la recuperación económica, (ii) la creación de empleo –no solo se inauguraron agencias de trabajo, sino que inició todo un movimiento que veló por la protección de los derechos del trabajador, lo cual desembocó en el surgimiento de los sindicatos – (iii) la inversión estratégica en obra pública –esta además de crear empleos, a la fecha, hace de EE.UU. uno de los países con mejor infraestructura-, (iv) civismo –los beneficiados de estos programas, estaban convencidos de estar construyendo las bases para una mejor sociedad-.

Estos programas se enfocaron en tres aspectos: (i) brindar alivio, (ii) recuperar y (iii) reformar, mejor conocidos como las tres R’s, por sus iniciales en inglés (relief, recover y reform). El primero pretendía aliviar el sufrimiento de la población más necesitada, el segundo se refería a la recuperación económica, para la cual se buscó formas para crear puestos de trabajo y velar por el crecimiento de los negocios y, el tercero, apuntó hacia las reformas del sistema financiero para prevenir una futura depresión o crisis.

Tras ello, en una época llena de miseria, el gobierno estadounidense logró establecer un plan de trabajo concreto y conciso para salir adelante. FDR creía firmemente que los estadounidenses merecían la salvaguardia necesaria para poder protegerse de las desgracias que existen en “nuestro disparatado mundo”. A pesar de sus buenas intenciones y de los logros alcanzados, el Nuevo Acuerdo, a la fecha, es criticado por haber generado un Estado benefactor. Sin embargo, pienso que debemos resaltar el concepto de aliviar el sufrimiento y la responsabilidad que el Estado tiene para atender las necesidades de la población más necesitada. Los modelos colectivistas, como Cuba o Venezuela, claramente no han sido exitosos, pero tampoco lo han sido otros en dónde no se trabaja conjuntamente para aliviar el sufrimiento de los más pobres. Ese justamente es el valor del Nuevo Acuerdo. Sobre todas las cosas, hay que brindar solidaridad.

El New Deal  no fue una panacea para EE.UU., pero sí sentó las bases sobre una manera diferente de hacer política. Ello debido a que todas las entidades gubernamentales trabajaron en conjunto para crear consensos y así poder generar cambios sustanciales y urgentes.

La integralidad de la propuesta, combinado con los acuerdos políticos necesarios para hacerla realidad y los objetivos de las tres R’s (aliviar el sufrimiento, reactivar la economía e implementar las reformas a largo plazo para lograrlo), parece ser lo que Guatemala necesita. En mi opinión, podemos sacar grandes aprendizajes de lo que esta historia puede llegar a representar para la reconstrucción de un país como el nuestro.  Hasta la próxima.

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