Llegó la Navidad (no “las fiestas” como les gusta llamarlo a muchos socialistas), y con ella la ilusión del personaje que trae a los niños el juguete que han deseado con todo su corazón.  Al crecer, nos damos cuenta que han sido nuestros progenitores quienes han comprado el tan ansiado juguete.  Se termina la ilusión de Santa pero empieza el proceso de dejar de ser niño.

Como estamos en época de buenos deseos e ilusiones, se vale soñar.  También se vale imaginar a Santa Claus cumpliendo mis deseos de Navidad para Guatemala.  Estoy segura que muchos chapines compartirán mi lista.

Querido Santa, tú que estás en el Polo Norte y que todo lo ves, te darás cuenta de lo que sucede en nuestra Guatemala.  Sabes que hay muchísimas necesidades que debemos atender.  Dado que nuestros gobernantes no tienen ningún interés en satisfacerlas, te pido a ti que nos “hagas la campaña” de venir con muchos renos y un gran trineo, pues la lista, si bien corta, es muy, muy pesada.  Aquí te va:

Justicia, prosperidad, responsabilidad, tolerancia, cooperación y paz.

Sé que hay muchas cosas más, como eliminar la terrible desnutrición que deja a muchos niños con poca o nula capacidad de aprender. También hay muchos asesinatos sin resolver y éstos no se detienen. Tenemos una infraestructura vial “en trapos de cucaracha”, y esto encarece y dificulta el traslado de personas y productos de un lugar a otro.  También hay una carencia de servicios de salud que causa la muerte de muchas personas por no contar con el mínimo de medicamentos para aliviarlos, o con los equipos e instrumentos para operarlos.

Pero se me ocurre que, si tenemos una justicia efectiva, pronta, no parcializada ni ideológica, muchos delincuentes habrían sido juzgados y estarían cumpliendo su condena.  Así mismo, la mayoría de los 11,000 detenidos en prisión preventiva se les daría medida sustitutiva, o se les procesaría y cumplirían su condena, de haberla.  Todo esto desmotivaría, aunque fuera un poco, la escalada de delincuencia.  Si no hay consecuencias a los actos ilegales, éstos continuarán.

Si hay prosperidad significa que la economía ha mejorado, que han habido inversiones locales y extranjeras y, consecuentemente, muchísimos tendrían trabajo.  Esto reduciría la pobreza y la migración.  También se reduciría un poco la delincuencia, especialmente en los jóvenes que ya no se integrarían a las maras, pues tendrían oportunidades de trabajo. Y si tienen trabajo, pueden pagar sus estudios, generándose así prosperidad para el futuro.

Responsabilidad a los gobernantes los haría cumplir con su trabajo.  Habría inversión por parte del gobierno, mejorando así la infraestructura, la salud y la educación.  No habría tanto trámite ni retrasos en obtención de permisos, que solo encarecen el precio de los productos al final. Habría un uso adecuado del dinero que los tributarios pagamos, enfocado en las necesidades básicas aquí descritas.

Si hubiera tolerancia, la extrema polarización se reduciría significativamente.  Los insultos por montones, las desacreditaciones a otros que piensan diferente a quien los desacredita, muchos asesinatos y asaltos, también terminarían.  Habría tolerancia hacia quienes son diferentes, y esto se traduce en no discriminación.  También se traduciría en el fin de tanta oenegé que abusa de estos grupos de personas “diferentes”, obteniendo millones de euros para “defenderlos”, cuando lo único que hacen es empobrecerlos más mientras los dirigentes oenegeros se vuelven millonarios.

Cooperación, pero de la honesta y bien intencionada, llevaría a Guatemala muy lejos en su camino a la prosperidad.  Una auténtica cooperación en capacitar a los agentes de la PNC, a los fiscales, a los jueces.  Apoyo en modificar los sistemas de nombramiento de funcionarios, en sistemas de compras, de elección de diputados, presidente, vicepresidente y alcaldes.  Esa sería una excelente cooperación. Acelerar trámites y permisos y eliminar todos aquellos que solo estorban y no sirven para nada.

Y por supuesto, paz. NO esa “firme y duradera” que se firmó hace más de veinte años y que solo ha servido para que los guerrilleros inicien su guerra de cuarta generación, sin armas, pero con mucho daño, infiltrándose a todo nivel para lograr sus objetivos espurios. Una paz que acabe con tanta conflictividad social que ha dejado empobrecida a muchísima gente, aislada, sin acceso a nada.  Esa paz que permita a las empresas funcionar sin que sean extorsionadas, ya sea pidiendo dinero o cerrándolas pues el gobierno (no la empresa) no hizo la consulta que manda el convenio 169. Esa paz que solo se logra con buena voluntad para lograr todo lo anterior.

Como esa voluntad no está, querido Santa Claus, te pido todo esto para que los guatemaltecos de buen corazón, honestos y trabajadores, podamos vivir mejor y que, aquellos que no lo son, cumplan con su codena.

¡Feliz Navidad para todos y que el nuevo año nos traiga esa tan anhelada paz y ese desarrollo que tanto necesitamos!

 

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