Otro año más que se nos pasa volando.  Tal vez un año de los más difíciles que hemos tenido en nuestra querida Guatemala, un año lleno de incertidumbre y errores políticos que han causado una inestabilidad y una baja en inversiones extranjeras.  Sin embargo, estoy contento que llegue Navidad pensando que cambiaremos por un momento nuestra mente a cosas más importantes para nuestras vidas como lo es la familia.  Así que dejo de hablar por hoy de temas económicos y políticos y quiero hablar de la importancia de la familia y esta fecha tan tradicional en la que celebramos el Nacimiento de Jesús.

Y celebramos el Nacimiento de Jesús y la familia.  Basta con ver uno de los típicos y hermosos nacimientos que se hacen con tanto cariño en nuestro país para darse cuenta que Jesús no nació sólo, sus padres estaban acompañándole.  Justamente, es una celebración de un nacimiento y a la vez una celebración que debe hacerse en familia.

Cuántas cosas no debemos agradecer no sólo a Dios sino a nuestros seres queridos.  Pues bien, es momento de hacerlo.  Siempre es momento de hacerlo, pero no dejemos pasar esta oportunidad esperando la siguiente pues a lo mejor nunca llegue.  Y también es momento de perdonar y pedir perdón, en ambos sentidos cuando el caso lo amerita.  Es momento de reconciliación.  Al fin y al cabo, la familia es lo más importante en nuestras vidas.

También recordamos a nuestros seres queridos y amigos que están luchando por superar una grave enfermedad.  Ese cariño y acompañamiento que podamos darle es el mejor regalo de Navidad que ellos podrán recibir.  Visitémoslos, arropémoslos, que se sientan acompañados y queridos.

Y no podemos olvidar a aquellos que este año partieron de este mundo a uno mejor.  Pienso en ese amigo entrañable que ya no volveremos a ver, nuestro compañero de trabajo que tuvo un accidente donde falleció el y la mayor parte de su familia directa, la secretaria embarazada que perdió su bebé, la madre de un amigo querido, el trabajador que falleció violentamente debido a la delincuencia de nuestro país, y así podría recordar muchos casos de personas que en una u otra manera tuvieron que ver conmigo y ya no están.  Me satisface pensar que conocí lo mejor de ellos y me sirven de ejemplo para seguir mi camino.

Pienso en todos aquellos conocidos y otros que no lo son que sufren injusticias, que están siendo acusados arbitrariamente y sometidos a presiones por cuestiones ideológicas o políticas.  Pienso en aquellos países que someten a la más cruel dictadura a sus habitantes, que los amenazan continuamente y los privan de sus más fundamentales derechos humanos, sus derechos individuales a la vida, la libertad y la propiedad.  Entre estos países, pienso en los más cercanos como Cuba y Venezuela.

Pero también pienso en esas nuevas criaturas que están por nacer, trayendo esperanza a nuestra familia, haciéndola más grande.  Pienso en todos aquellos hogares en los que hay más cosas buenas y positivas que comentar y celebrar que las negativas y pesimistas.  Reflexiono y me convenzo que las cosas van a mejorar y bastante.  No solo lo creo así, sino que lo siento y vivo con intensidad.    Al ver a la familia reunida celebrando felizmente este gran acontecimiento, el Nacimiento de Jesús, no puedo ser negativo, me lleno de optimismo y esperanza.

Agradezco de corazón a mis lectores, a los que me han tenido paciencia y a los que me critican con razón, y les deseo sinceramente que tengan una Feliz navidad, celebrándolo en familia, llenándose de esperanza y optimismo como me ocurre a mí.  ¡Feliz Navidad!

 

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