El anuncio como ganadores de capital semilla vino acompañado de agradecimientos mojados en lágrimas. Todo para que al regresar a sus casas pudieran decirles a familiares y amigos, incluso a los que dudaron: Gané, ahora toca continuar con mi sueño.

Cuando Jessica Lara escuchó el nombre de su empresa: D´Maya Arte En Vela y Botella, como una de las ganadoras. Las lágrimas de sus ojos huían. Se podía ver que daban la vuelta por todo su rostro para celebrar. Ella se quitó su sudadera y la camiseta amarilla del Héroes Fest la mostró con todo el orgullo del mundo.

En el caso de Augusto Rosales, sus lágrimas parecían correr. La gota salía y se resbalaba en sus mejillas cual jugador después de anotar que se desliza en el césped. Intentaba agarrarlas para dedicarle su triunfo a Dios pero se le escurrían. Escapaban eufóricas. Las que se dejaron fueron su ofrenda humilde de agradecimiento y las mostró al cielo con una sonrisa.  Su proyecto, su misión, se llama: Cambiando y mejorando vidas a propósitos mayores en un entorno natural Dinastía Kung Fu Chimaltenango. 

Repuestos de sus emociones se sentaron para hablar con República sobre la decisión de convertirse en emprendedores.

Tomar la decisión

Jessica Lara comentó que inició su afición por la parafina y la fabricación de velas con un curso de terapia ocupacional. Nunca pensó que llegara a amar tanto la creación de velas. Empezó a venderlas y le fue muy bien en su primera año.

“Empecé vendiendo en bazares pequeños. El primero fue en un bazar pequeño en las San Lucas Sacatepéquez en Las Puertas y me fue bien. Jessica buscaba más lugares donde vender y mientras eso sucedía tenía la intención de darle un concepto cultural a su producto.

Le costó mucho crear su marca personal al punto que no vendió casi nada su año siguiente. Pero lo que buscaba tenía justificación y era darle un toque singular a sus velas, algo que la identificara y definiera su producto como único.

Augusto es de Cobán y empezó en esto de las artes marciales a los 9 años. Era una academia de Taekwondo y con esfuerzo se convirtió en cinta negra. A los 18 años decidió irse a la aldea de Santa Isabel Chimaltenango donde se casó y formó un hogar. Un arte marcial lleva a la otra y así descubrió el Kung Fu.

Rosales recuerda que muchos de sus compañeros o amigos sufrían de abusos y se puso como meta que en lugar de ofender y vengarlos buscaría ayudar a las personas para enseñarles a defenderse no a agredir. Así fue como nació su misión y convicción.

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Velitas con indumentaria maya

Cuando ya tenía la idea empecé a buscar actividades culturales. Hice una imagen de la Rabin Awaj de San Pedro La Laguna en vela. También hizo una imagen de Lesly Morales Rabin Awaj de Concepción Chiquirichapa Quetzaltenango y logró que la figura le fuera entregada por el director del Inguat, Jorge Mario Chajón. (Foto)

Jessica dice que buscó más personajes representativos de la cultura maya por ejemplo la cantante, compositora y activista Sara Curruchich a quien tuvo el honor de entregarle una imagen. Lara comenta que siguió buscando otros lugares y ferias de emprendimiento donde promocionar su producto. Se inscribió en la Feria de Emprendimiento de Anini y tuvo la suerte que el entonces viceministro Desarrollo de la Mipyme Ezrra Orozco llegara con su esposa a su stand y le recomendó inscribirse al Héroes Fest en noviembre de este año.

Al ser uno de sus ejes de trabajo el emprendimiento el funcionario invitó a otros participantes. “Ahí fue donde la conocí”, comenta. “Me gustaron sus imágenes y le dije que se inscribiera a lo mejor ganaba y se puede apoyar su idea. También le dije a otros más, pero sólo ella vino, lo que demuestra que el que quiere, tiene una idea y quiere salir adelante no lo detiene nada. Esto de emprender es también de querer”, dijo Orozco, reforzando la idea.

Un gran sacrificio

Cuando le pregunto a Jessica sobre lo que ha sacrificado para llegar a este reconocimiento confiesa que la pregunta le encogió el corazón. “Yo soy madre y he sacrificado a mi familia. He dejado ir momentos importantes con ellos por ir a buscar que alguien me abra las puertas.

Estuve en Xelafer y estuve 12 días y para una madre da mucha nostalgia saber que está lejos de sus hijos me he perdido mucho estar con ellos por sacar a flote mi emprendimiento porque también es una base de cómo sostener a mi familia. Tengo 4 hijos y no es fácil mantener cuatro bocas y estudio. He sacrificado mucho. Me ha tocado ir a lugares donde no he vendido y las cosas no salen como uno espera pero yo no me rajo porque no he vendido, sino porque un contacto bueno sale algo.

Lara dedicó el triunfo a su padre. “Él tuvo un derrame y tiene ciertas limitaciones pero dentro de su “chenquera me estuvo acompañando y apoyando en todo momento. Le agradezco al viceministro Orozco que sin conocerme se fijaron en mi y no se equivocaron”, dice.

Sanar el dolor físico

Augusto empezó a buscar la manera de abrir una escuela en la aldea recuerda. Hace poco cumplió 30 años de tenerla abierta. Se llama La Dinastía Kung Fu de Chimaltenango”.

Rosales también recuerda que hace poco más de 5 años conoció a muchas personas que sufrían de maltratos y golpes. También conoció a gente que tenía lesiones en la columna y los tobillos. Al tener conocimiento de masajes y ser bueno para detectar golpes vio otra oportunidad de poder ayudar.

Hoy la academia cuenta con 30 alumnos y a graduado a dos cintas negras. Su hijo es cinta roja. Este logro de obtener el capital semilla, le sirve a Augusto para decirles que… -el sentimiento es tan fuerte que se le cierra la garganta pero entendemos el: “si se pueden hacer las cosas”-.

Augusto llegó al Héroes Fest luego que el ingeniero Luis Matzer y a licenciada Sandra Simaj lo inscribieran en el evento.  “Ellos me decían: ‘usted puede hacerlo, usted tiene todo, ha trabajado mucho. Va a ver que se le van a abrir las puertas’ y a los alumnos que confiaban en el y le decían ‘Ánimo Sensei usted va asalir adelante'”, recuerda.

Augusto Rosales y Jessica Lara junto con el exviceministro Ezrra Orzco

Entonces se vino a la capital a presenciar el anuncio de los proyectos ganadores y antes de irse, pidió bendiciones. “Les dije a mis alumnos que se pusieran en cadena de oración porque el sacrificio que hacía no era solo para mí sino que para todos los alumnos que creen y confían en mi. Gracias a Dios se nos dio la oportunidad”.

“Yo sé que con el anuncio de que gané todos van a estar contentos”, dice Rosales entre la alegría y las lágrimas.

Tanto Jessica como Augusto regresaron a sus familias como unos emprendedores héroes y con el capital semilla que les fue entregado. Ahora podrán hacer más grande sus sueños e inspirar a más personas.

 

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