Así que este año, además de la tradicional celebración donde le deseen salud, prosperidad, paz desee libertad, porque Cristo vino a liberar.

No hay época que pretenda influenciar de una manera más positiva en el mundo occidental como la Navidad. El nacimiento del Hijo de Dios, el Mesías, el Niño Dios, Jesucristo Emmanuel, Dios con nosotros. Para los que creemos, el gran misterio de cómo un Dios se despoja de su deidad, para venir y hacerse igual al hombre, desde un nacimiento similar a cualquier humano a una vida que no impresionaba en milagros para sí mismo, sino como servicio a los demás, en todo igual, excepto en sus fallas, es impresionante.

Dentro de la celebración de la Navidad se han agregado una cantidad de personajes como Santa Clos (Claus…) o Papá Noel, o cualquier otro nombre que se le dé, duendes, mamá Clos, renos, árboles, adornos, comida, música desde la más solemne hasta los populares villancicos hasta populares canciones que nos hacen recordar la ausencia de amores ni tan pasados, o pedir su presencia como único regalo, etc. Todo le ha dado realce y ha provocado que la celebración de la Navidad sea la más grande del mundo occidental, y que cada año sea la más extensa, ocupando ya más de dos meses (el 17% del año).

Existe una gran lucha entre el materialismo y la celebración de la Navidad, de una forma completamente alejada a la celebración inicial, el nacimiento de Jesucristo. Se da un realce a regalar cosas materiales, a compartir en familia, a adornar y a celebración jubilosa, a veces con excesos que provocan más tristezas y situaciones de mucho dolor.

Por el otro lado existe la más religiosa de las celebraciones, con rezos, explicando con pastorelas, posadas y otras formas, la narración del nacimiento de Cristo.

He vivido entre las dos formas y me parece que el rescate del sentido de la Navidad es lo esencial de la época. El pleno entendimiento de porqué un Dios, con todo el poder, ciencia, conocimiento y gloria, precisaría despojarse de todo para hacerse igual que cualquier hombre, desde nacer como un niño, y de una vez por toda salvar a la humanidad.

El canto de los ángeles que dan gloria a Dios en el cielo, y que anuncian la venida de Jesucristo como la paz para los hombres de buena voluntad inicia dando ese sentido. A todos los que creen en Él, como el Hijo de Dios y su Salvador, les podrá ser dado el regalo de la paz en el interior, en el corazón, una paz que no significa ausencia de problemas, sino la convicción interna de estar en Su voluntad y que todas las cosas recibidas son para bien y servirán al propósito final. Una paz que los que no la poseen no la pueden entender y la explican como locura.

Los deseos de paz, de prosperidad, de un futuro lleno de alegrías se da en toda la época y cada vez que encontramos un conocido y le deseamos lo mejor.

Ahora bien, entre las tareas principales de Jesús está venir a libertar a los cautivos y a los oprimidos. ¡Jesús es el gran libertador de la humanidad! Jesús libera del pecado, de la pobreza, de la enfermedad y de la muerte. En la vida cristiana la libertad es un asunto fundamental y por ello como cristianos, debemos pelear por mantener nuestras libertades, desde el sentido espiritual siendo libres del pecado, hasta las libertades en la sociedad, como la de expresión, de elección, el ser inocente hasta ser declarado culpable en un juicio justo, de confesión, de conciencia, etc.

Así que este año, además de la tradicional celebración donde le deseen salud, prosperidad, paz y otras cosas muy lindad, desee libertad, porque Cristo vino a liberar.

 

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