Hace poco leía del muro de Facebook de uno de mis escritores favoritos una invitación a disfrutar de una Navidad más familiar y menos consumista. Me encanta la idea de pasar tiempo ¡por fin! con nuestros seres queridos y disfrutar con ellos los detalles que por la rutina diaria dejamos pasar. Me encantó particularmente esta publicación porque invitaba a guardar silencio en estas fiestas y a observar a quienes nos rodean. A concederles a cada uno, el regalo de escuchar.

Realmente el consumismo de diciembre a todos nos gusta. Hay ofertas, estamos más predispuestos a consentirnos y aunque no nos gusta admitirlo, todo se siente más especial. Así es que no estoy particularmente en contra de las compras y los regalos, me gustan. Pero a la vez me parece que necesitamos invertirle el mismo tiempo y las mismas ganas a platicar con nuestros seres queridos, reconocer la manera en que hemos estado viviendo y quitarnos el modo “automático”.

Que estas reuniones de fin de año sean útiles para observar en silencio, para pensar, para disfrutar de aquellos a quienes tenemos cerca. Que nos sirvan para reír y disfrutar, tomando en cuenta que no somos los únicos viviendo en nuestro espacio. Sino considerando a todos aquellos que nos rodean. Que podamos sentirnos valorados y también valoremos a otros. Y por sobre todo que realmente organicemos mucha unión en cada reunión que tengamos. Porque a cómo van nuestros días, estos son los únicos tiempos que conservan intacto el valor de la familia

 

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