Según el Estudio de Relevamiento de la Investigacion y la Innovación de Guatemala GO SPIN publicado en 2017, Guatemala adolece de brechas que le colocan en mala posición en el ranking mundial de I+D+i.  Los datos muestran la existencia de 411 investigadores científicos, quienes en la práctica representan 26.7 investigadores EJC (equivalente a jornada completa) por millón de habitantes -3 veces menos de lo que teníamos hace 40 años-; 16 científicos por millón de habitantes; es decir, 262 veces menos que el promedio en América Latina y Caribe.  Los países altamente desarrollados dan cuenta de 5mil a 7mil investigadores EJC por millón de habitantes; muchos de ellos, cerca del 50%, ubicados en industrias privadas.

La inversión en I+D+i no alcanza 0.03% del PIB, 25 veces menos que el promedio en LAC; 200 veces menos que Israel y Corea.  Nos ubicamos en el puesto 129 en publicaciones científicas globales.  La oficina de patentes y marcas en USA solo registra 13 concedidas a guatemaltecos durante los últimos 40 años.

La gráfica siguiente, tomada del informe GO SPIN, muestra las principales brechas en materia de innovación:

Hace 20 años, contando con asesoría del Dr. Michael Porter, los centroamericanos apostábamos a que nuestra región contaba con suficientes condiciones para convertirnos en economías emergentes capaces de emular a los tigres asiáticos y alcanzar tasas de crecimiento constante entre 6% y 8% anual. Todo ello, basado en ventajas comparativas envidiables; tales como posición geográfica, condiciones climáticas, naturaleza diversa, etc.

Por otro lado, la iniciativa Guatemaltecos Mejoremos Guate lanzada por FUNDESA al principio de la presente década recoge datos que indican que el 19% de los guatemaltecos son innovadores, de los cuales la mayoría (78%) persiguen autoempleo, 65% se limitan a revender productos, 55% son jóvenes de 18-34 años; pero después de 3 años, solo el 4% han sobrevivido.

Surgen cuestionamientos: Por qué si somos tan pilas no logramos trascender hacía otras ligas?  Qué hace falta para aprovechar mejor esa capacidad de emprendimiento? Qué necesitamos para mejorar el nivel de sobrevivencia de los emprendimientos?  Qué hemos hecho con nuestras ventajas comparativas?

Varias respuestas explican los magros resultados: Altos índices de desnutrición crónica y salud en general, bajo nivel de educación, mala preparación en ciencias exactas y naturales, ausencia de incentivos para invertir en I+D+i, ausencia de financiamiento para emprendedurismo, falta capital de riesgo, se carece de objetivos en común entre sectores público, privado y académico, debilidad y disfuncionalidad institucional, poca inversión en infraestructura básica y productiva, campeones en corrupción, etc. etc.  En resumen; nos equivocamos de cabo a rabo o estamos en el país equivocado?

Y, ahora, qué podemos hacer?

Obviamente no podemos soslayar la atención de temas urgentes, básicos, para enfilar la nave llamada Guatemala en la dirección correcta; me refiero al saneamiento del sistema político, administración de justicia y erradicación de la corrupción.

Además, corresponde atender con seriedad los cambios de fondo en educación, salud e infraestructura y, al mismo tiempo, iniciar una fuerte inversión de largo plazo en el desarrollo del capital humano.  Necesitaremos un cambio generacional, por supuesto con una masa crítica de tomadores de decisión dotados de buenos principios y valores, con competencias globales para optar a mejores resultados en los índices mundiales de desarrollo, competitividad e innovación.  Hará falta paciencia para lograr resultados de alto impacto.

Mientras tanto, en nuestras manos está poner a disposición de la sociedad guatemalteca nuestra mejor voluntad para, al menos, detener la caída.  Demostremos buena voluntad y pongamos a disposición nuestras capacidades actuales, con todo y las limitaciones inherentes, para generar un ecosistema propicio para impulsar innovaciones sociales y tecnológicas que habrán de ofrecer mejores oportunidades de vida a las familias guatemaltecas.

Yo le apuesto a la comunidad académica, donde existe capacidad instalada para la investigación, desarrollo e innovación.  Confío también que el sector productivo hará su parte por cerrar brechas con la academia, expresando sus demandas tecnológicas y depositando confianza en el rigor científico que debe prevalecer en el quehacer de los investigadores.

Al sector público le corresponde facilitar las condiciones para que prosperen las alianzas colaborativas.  El Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología tiene ese propósito; el desafío para el CONCYT y la SENACYT es crear condiciones propicias para que la comunidad científica y tecnológica desarrolle soluciones que contribuyan a mejorar el desempeño del sector productivo, con alto impacto económico y social.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo