Priscilla León es la autora del blog de moda: Curvas de estilo

Para mi siguiente truco necesitaré un pijama y un cárdigan de lana suavecito, suavecito.

Cada Navidad me hago un regalo y generalmente es ropa, zapatos o algún accesorio lindo; pero no esta vez. Ha sido un año intenso, el primero de mi vida adulta (creo) y lo que más necesito ahora son unos días de descanso. Pero, no hablo de unos días para salir de compras, ni para ir al cine y menos para irme de fiesta. Lo que quiero es entrar a mi casa, sacar mis pantuflas, bajar las luces, hacerme un té y olvidarme del mundo; lo que quiero es hacer hygge.

La palabra danesa hygge (se pronuncia juu-ga) no tiene traducción al español, sin embargo podría definirse que es el arte de crear intimidad y un ambiente acogedor. Se dice que este estilo de vida surgió en Dinamarca como una forma de contrarrestar los blues del otoño y el invierno, pero puede aplicarse en cualquier país como una forma de desconectar con el mundo, pero conectarte contigo misma. Es, si lo quieres ver así, una versión sofisticada de ponerte el pijama y disfrutar de los pequeños placeres de tu hogar.

Me enteré que el hygge existía hace aproximadamente un año. Leí sus principios en una infografía en Pinterest y al descubrir que una de las misiones era consentirme, caí rendidita a sus pies. Soy una fácil, ya lo sé. Desde entonces la practico, al menos una vez a la quincena, y puedo decir que me han ayudado a lograr algo dificilísimo: relajarme. Por eso, hoy te enseño algunas técnicas para practicarlo en casa:

Crea un rincón especial

Selecciona un lugar de tu casa, puede ser tu habitación, tu sala o incluso tu jardín o terraza, para entregarte el hygge. Decóralo con flores, velas, mantitas, throws, cojines y todo lo que te haga sentir cómoda.

Prepara la atmósfera

Para el hygge no necesitamos una super iluminación, más bien crear un ambiente acogedor. Por eso, baja las luces y enciende unas velas. También puedes usar series de foquitos, como los navideños.

Apaga el WiFi

No necesitas revisar el Facebook cada cinco minutos, recuerda que el hygge se trata de desconectar. Así que, por un ratito (o ratote), olvídate de tu smartphone.

Saca un libro de tu biblioteca

Ni creas que en el hygge te vas a aburrir. No importa cuál sea tu género favorito, una buena lectura será la mejor compañera en este viaje de autoindulgencia.

Cambia de look

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Guarda los tacones, para el hygge solo necesitarás tu pijama más cómoda (que no siempre es la misma que la más sexy) y una pantuflas calientitas. Si hace más frío, agrega un gorrito, calcetas o un cárdigan de punto.

Consiente tu paladar

El hygge te invita a reconectarte con los pequeños placeres. Así que prepárate una o varias tazas de tu café, té o chocolate favorito y acompáñalo por algún postre que te guste. Tu paladar te lo agradecerá.

Completa con sonidos agradables

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Parte de armar el ambiente hygge es sumar la playlist adecuada. Elije versiones acústicas de tus éxitos favoritos, música de orquesta, cuartetos de cuerda o incluso, vuelve a clásicos como Mozart. De hecho, tengo una lista en mi cuenta de Spotify, escúchala aquí.

Suma a más personas

Por ser una forma de reconectarse con uno mismo, usualmente el hygge se práctica en soledad. Sin embargo, poco a poco puedes sumar más invitados. Por ejemplo puedes armar una sesión de cine con tu novio un sábado por la noche y comer muchos poporopos. O bien, cocinar para dos o tres amigos e invitarlos a una cena informal, pero acogedora.

En fin, que creo que estoy enamorada del hygge. De hecho, encontré encontré una foto de mi primera sesión en Instagram. Espero que lo disfruten tanto como yo y gracias por leer. ¡Felzi Navidad!

 

 

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