Un año para olvidar algunas cosas y recordar otras. Estamos a dos días para comenzar uno nuevo y siento que debemos pasar la página no sin antes meditar sobre esas cosas, momentos o situaciones que queremos cambiar para bien.

Doy gracias a Dios porque en lo personal ha sido un año bueno para mi familia y para mí. Estamos vivos y con buena salud.

La familia sigue creciendo y superándose. Las ganas de seguir trabajando no faltan.

El entusiasmo por todo lo que hago está siempre presente y cada cosa que emprendo lo hago con la máxima ilusión.

Sigo determinado y con más motivación en mi lucha personal de trasmitir a los demás todas esas ideas que considero que pueden ayudarnos a ser mejores.

A que Guatemala cambie para bien, sea próspera y genere oportunidades para todos, en especial para los menos afortunados, los más pobres.

De las cosas negativas, poco quiero hablar. Ya tocaré este tema en otros artículos a lo largo del año como lo he venido haciendo en este y en años pasado.

Debo estar más bien agradecido por esas personas que conocí, admiré y quise y que ya no están más con nosotros.

Agradecido también por todos aquellos que tienen una nueva oportunidad para superarse luego de alguna tragedia personal o material.

Siempre hay oportunidades a pesar de todo. Y esto me hace recordar que a veces vivimos apegados a seres queridos o a las cosas, de tal manera, que cuando las perdemos nos deprimimos.

Aprender el desapego significa no sufrir tanto cuando ya no tenemos a estos seres queridos o esas cosas que antes teníamos.

No significa no seguir luchando por mejorar, por salir a delante, por superarnos. Es más bien, no dejar de ser felices porque ya no tenemos lo que solíamos tener.

Este año tuvimos muchos problemas políticos y luchas ideológicas. No van a terminar, pero me niego a contagiarme del sentir tan negativo que los medios en general, mis amigos, colegas y muchas personas me trasmiten cuando hacen sus comentarios.

Pareciera que fuera el fin del mundo. Están intranquilos. Ciertamente hay problemas, pero hay soluciones para los mismos.

Estamos viviendo tiempo de convulsión que resultarán en algo que espero nos lleve a una situación mejor que la que tenemos.

Y si no, hay que seguir luchando por ello, pero no perder la felicidad y las ganas intensas de vivir por las cosas negativas que muchos suelen trasmitirnos. Resistámonos a ello. Seamos positivos y vivamos felices.

Al fin y al cabo, la felicidad es algo muy nuestro, algo que sólo yo mismo puedo provocar dentro de mí. Y es cuestión de actitud personal.

Si yo quiero ser feliz, entonces, ¿por qué no serlo? ¿No somos acaso nosotros mismos los actores principales de nuestra propia felicidad?

Si logramos meditar qué hacer para ser felices entonces habremos tenido unas buenas reflexiones de fin de año.

Y si logramos trasmitir eso que nos hace felices a nosotros a los demás entonces comenzarnos un cambio de actitud en quienes nos rodean para iniciar con buen pie el próximo año.

¡Les deseo a todos que el 2018 sea un año lleno de bendiciones, prosperidad y mucha felicidad!

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