Polarización ideológica y de género, e incertidumbre sobre el futuro. Es cada vez más evidente que quienes ganan con la división están haciendo bien su trabajo en Guatemala y en todas partes.

Cómo si no fuera suficiente con las distancias ideológicas, que a pesar de que muchos digan que “no tienen ideología” la realidad es que todos los seres humanos la tenemos, son hoy más que nunca causa de polarización social. Y se aplica repito, en todas partes del planeta.

Si uno va a los Estados Unidos, en Washington-DC el Presidente Trump es lo peor que existe, aunque tengan más dinero en sus bolsillos. Si le preguntan a alguien fuera del pantano, en Kentucky o en Texas, la opinión es distinta. Que Trump es controversial y no se mide, le importa un pepino decir lo que piensa como lo piensa, y que por ello es todo menos políticamente correcto, a un lado le explota y al otro lo divierte, quizás porque mucho de lo que dice resuena con lo que tantos piensan y no se atreven a decir en voz alta. Pero los medios lo atacan, todos los días, y cuando no tienen algo substantivo atacan si le agarró o no la mano a la Primera Dama, o si usa sus propiedades (que todos los que las critican las quisieran, aunque sean hipócritas que dicen que no) para temas oficiales. Son tan ridículos que hacen gran alaraca por un árbol que la Primera Dama mandó a talar luego de consultar con un panel de expertos, porque estaba en deterioro y podía causar daños mayores en la propiedad. La diaria batalla entre Fox News y CNN-MSNBC-ABC-CBS-NBC.

La misma persecución que ha sufrido el Presidente Jimmy Morales está sufriendo Donald Trump en los Estados Unidos. Los medios y la izquierda atacándolo por cualquier cosa, generalmente poco substantiva. La oposición histérica, incapaz de poner los temas de bien común sobre la mesa porque su odio es tal que no logran pensar con lógica. Y la sociedad, polarizada por medios que venden su agenda eficientemente, creando enormes divisiones inclusive dentro de la misma familia. Olvidan que el bien común es el objetivo, que todos muy adentro desearíamos lo mismo, y que nadie tiene el monopolio de la razón, pero lo obvio es obvio, y no se puede tapar el sol con un dedo.

Este 2017 nos dejó otra división adicional: hombres y mujeres. Ahora resulta que si me da la gana, y me cae mal un hombre por las razones que sean, lo acuso de quererme violar, tocar o decirme algo que remotamente suene a avance sexual y ya. Mi palabra pesa más que la de él, automáticamente vendrá condenado, y como al igual que todas las demás seguro sería alguien de poder, algo material sacaría en compensación por “los daños” sufridos.

Ya es difícil para lograr tener una relación normal, el Internet es ahora el escenario de eso que es hoy el proceso de enamoramiento, patético para ser honesta, y ahora resulta que si un hombre invita a una mujer a salir más de una vez, eso es considerado acoso. O sea, que no se quejen todas las solteras si se quedan así por siempre.

Derechos humanos tampoco mejoraron, siendo más manipulados que nunca. Hoy día, para un grupo todo es discriminación y por ende falta a los derechos humanos de x persona o grupo. Para otro grupo, los derechos humanos son la sábana con la cual se tapan todos los que cometen un crimen políticamente correcto. Por esto último quiero decir el invadir tierras, literalmente atacar empresa privada, políticos o elementos de las fuerzas del orden, y atacar físicamente, no nada más por escrito. Atacan el Estado de Derecho, olvidando que es ese mismo sistema lo que les permite expresar su veneno con libertad.

A Guatemala este año le está dejando menos empleo, menos atracción de inversión nacional o extranjera, mayor incertidumbre política, más polarización familiar, y aún así, no todo está perdido. Seguimos siendo libres, y espero que los “dos dedos de frente” no se hayan extinguido por completo. Quiero pensar que este 2018 aprenderemos a no mal interpretar un piropo, tanto como a no mal interpretar “las señales” de una mujer que viste demasiado provocativa. Esperemos los medios dejen de creerse juez y jurado, y reporten las noticias sin el afán de azuzar los ánimos de la gente y crear veredictos virtuales. Y que las personas deseen informarse, de más de una fuente, antes de emitir una opinión. Traten de no nutrir la polarización sino más bien de buscar puntos de convergencia, y que eso se transmita a los políticos. Guatemala lo merece; el planeta lo necesita.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo