Hay quienes dicen que no hay nada mejor que ser un buen anfitrión. Cualquier cultura puede ser descrita desde tu propio significado, pero yo encontré el mío para explicar la belleza del espíritu japonés, que se escribiría de esta forma (おもてなし). Hablo de Omotenashi, que es un término apasionante, que podría traducirse como “el valor y el espíritu de la hospitalidad japonesa”, algo que para los extranjeros que han vivido la experiencia de visitar Japón, no debería pasar desapercibido. Esta palabra encierra un significado invaluable e incluso podría transformar la forma de vida de otras sociedades, al observar de primera mano el tratamiento que se le da a los turistas, incluso entre su misma sociedad.

Explicar el Omotenashi es referirse a un conjunto de códigos apoyados en los valores como el respeto, la buena actitud, el servicio, la solidaridad, la armonía, tolerancia, felicidad y la honestidad, que son imprescindibles para construir y mantener un tejido social sano, no perfecto pero sí admirable, sobre todo para países donde lejos de estos valores respiramos una cultura de violencia y de desconfianza social.

Pero hablar de Omotenashi solamente como el valor de la hospitalidad se queda corto, porque esta palabra tiene un gran significado simbólico, mucho más acorde con la forma de vida de los japoneses, es decir es un tema cultural interesante. Pero, definamos en concreto que Omotenashi es como dar lo mejor a otra persona por satisfacción personal, o como brindar desinteresadamente algo de uno mismo para el bien de otra. Este sentimiento que te envuelve y enamora puedo explicarlo desde dos puntos de vista que son: la conciencia y el liderazgo.

En el primer aspecto, la conciencia de valorar todas las cosas que nos rodean y ser la imagen que queremos ver. También fluir con el entorno que nos rodea nos permitirá desarrollar una corriente de energía positiva, la buena vibra así como la determinación para encontrar el equilibrio en las diferentes actividades cotidianas. Por otra parte, está el liderazgo de una sociedad que cultiva respeto y, por ende, cosecha respeto.

Japón tiene una fórmula perfecta pues combina la tecnología con lo de antaño, es decir es un lugar donde se mezcla la modernidad  y lo más tradicional, es esa simbiosis entre lo viejo y lo nuevo como se construye el éxito. El mensaje es que aunque se evolucione jamás deja de lado sus raíces, su esencia y sus valores. No es casualidad que la mayoría de los Premio Nobel son de origen japonés, por la sencilla razón que rinden culto a entregarse y especializarse por completo en lo que deciden hacer.

Japón es un país de tradición pura, un lugar del que nunca quisieras salir porque te envuelve en cada lugar y tradición, como la ceremonia del té, los baños onsen (baños de agua caliente), en sus templos, en sus castillos, en la magia de su gente que te atrapa sutilmente. Es por ello, que Japón más que artes marciales es la riqueza interior de su gente, de sus paisajes, de la seguridad y sobre todo de la paz.

Existe otro término japonés que se escribe (気配り) y se pronuncia Kikubari, que es la palabra japonesa que habla sobre cómo anticiparse a las necesidades o peticiones de los demás, esto se refiere a cómo saber generar empatía y en la forma de enfocarse en el grupo antes que en el individuo. La forma en que comprendemos la sensibilidad de los demás nos permitiría adelantarnos a sus peticiones y necesidades porque leemos y desciframos constantemente e incluso se puede resolver un problema antes de que suceda. Hablar de Kikubari es referirse a un término que está contenido dentro del Omotenashi.

Pero la gran noticia es que Tokio será la sede de los Juegos Olímpicos 2020, donde sin duda alguna el Omotenashi jugará un papel muy importante para brindarle tanto a atletas como a los turistas. Además, dentro del objetivo está contar con la presencia de 90,000 voluntarios para atender a todos los visitantes, lo cual demuestra la preocupación explícita por satisfacer las necesidades y las peticiones de todos los visitantes.

Para comprender cómo ganó Tokio los Juegos Olímpicos del 2020, debemos presentar dos variables importantes: la primera es que Tokio ya había sido la sede de los Juegos Olímpicos de 1964 y esto les serviría para mandar el mensaje “lo hemos hecho antes y lo haremos de nuevo”, además que los deportes son parte fundamental de la cultura japonesa. La segunda es porque Japón utilizó un discurso inclusivo y en inglés, mientras que España para promocionar a Madrid utilizó una especie de campaña política y en el idioma español.

Mientras los japoneses hablaron del espíritu y del valor japonés para ser sede de los Juegos Olímpicos, España citó cifras y temas económicos. Dicho en otras palabras, Tokio conquistó al mundo emocionalmente y Madrid intentaba hacer lo suyo, pero de manera fría. Sin embargo, estos dos grandes países, España y Japón comparten más de lo que todos imaginan, porque ambos combinan la modernidad con las tradiciones, pero Japón es el país de la esencia porque sabe transmitir muy bien su identidad.

Cuenta la historia, que todo comunica porque todo tiene significado, y en ese sentido Japón ha logrado comunicarle al mundo que los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, no solamente serán unas olimpiadas más, sino que la experiencia superará a la expectativa porque no existe duda alguna de que serán unos Juegos Olímpicos memorables y que escribirán un fragmento de la historia con la tinta indeleble de su grandeza, la grandeza del Omotenashi.

Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, ya se han convertido en una ventana para el mundo y un buen pretexto para que todas las personas de diferentes partes del mundo puedan sentir la grandeza de una sociedad maravillosa. Esto seguramente enamorará a miles de visitantes e incrementará su tasa de turismo como uno de los destinos más increíbles del globo terráqueo.

En definitiva, la grandeza de Japón habita en su gente y en la forma en que hacen sentir a los demás, el espíritu y el valor de la hospitalidad, saber que te tratarán de la mejor forma desinteresadamente. Que te cuidarán y harán todo lo posible y hasta lo imposible para que tu estadía sea el mejor recuerdo que jamás hayas imaginado, esa es de las mejores cosas de la vida, de verdad eso no tiene precio.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo