Arrancó el año y, después de disfrutar de Navidad y celebrar el Año Nuevo, no tuvimos tiempo de “agarrar aviada” pues nuestra Guate ya es un relajo.  Las fiestas de fin de año, los buenos deseos y las intenciones de hacer cambios positivos, se quedaron en el olvido.

Estamos a dos días de tener que vivir con una nueva Junta Directiva en el Congreso de la República.  Al momento de escribir este artículo, aún no hay un “ungido”, ¡hay un montón! Desde finales del año pasado se vienen discutiendo nombres.  Seguramente todos habrán pasado sus “fiestas” en medio de cabildeos, ofrecimientos y de todo, para lograr los votos necesarios.

Nada nuevo en cuanto a cabildeos.  Pero  lo que no habíamos visto es que a todos, sin excepción, se les ha llamado corruptos. Ciertamente, todos los candidatos firmaron el decreto que los hizo pertenecer al club “pacto de corruptos”.  Todos también han sido etiquetados como “títere de” algún político tradicional y hasta del Presidente.  Ninguno se ha salvado de ser acusado de algo.

En pocos días veremos qué sucede con este relajo.  Las negociaciones debajo de la mesa deben ser de todo tipo. Los ofrecimientos, incalculables, y no necesariamente en dinero.  Al final del día, los afectados seremos, como siempre, los guatemaltecos que no tenemos nada que ver con el asunto pero que nos veremos arrastrados por las malas decisiones, politiquería barata y visión triunfalista de quienes lleguen a ocupar esa nada gloriosa Junta Directiva.  Nada nuevo bajo el sol.

Otro relajo, de proporciones monumentales, es la elección del nuevo fiscal general (en minúsculas, a propósito).  La red social Twitter ha estado muy intensa (más de 5,200 tuits en pocas horas) pues abundan las acusaciones de corrupción hacia los posibles candidatos.  Ayer circularon varias encuestas elaboradas a título personal o por medios de comunicación y de algunos periodistas, preguntando si deseábamos que continuara la actual fiscal.  Todas, sin excepción, fueron negativas hacia ella. Mientras tanto, Thelma Aldana dice estar analizando si se lanzará a la reelección.  Muchos nombres han surgido y, sin duda alguna, todos serán acusados de corruptos por alguien.  El “insulto” ahora es ser corrupto, sea cierto o no.

Lejos de ser un proceso democrático, en el que libremente se postulen personas que desean ocupar ese cargo, esto se ha vuelto un mercado de negociaciones.  Otra vez, las víctimas seremos los demás, los que no tenemos nada que ver con el proceso pero que seremos afectados con su resultado.  No digo “beneficiados” pues el panorama se ve muy oscuro como para ser optimistas.

Otro relajo: el diputado Leocadio Juracán presentó una acción constitucional de amparo en contra del Ministerio de Energía por el otorgamiento de 90 licencias de exploración y explotación minera que, según él, “violentan el convenio 169 de la OIT”. ¿Otorgar licencias es violentar el convenio? La OIT busca proteger los derechos de los pueblos indígenas y tribales cuando hay proyectos de inversión que cambiarán su forma de vida. El mismo convenio dice claramente que se llevará a cabo un proceso de consulta, que no busca aprobación o desaprobación por parte de las comunidades, sino que dialogar, de buena fe, para llegar a acuerdos de mutuo beneficio.

El Estado es el responsable de llevar a cabo este proceso de diálogo.  Ha dejado de hacerlo y, otra vez, los damnificados somos todos.  El Estado, por medio de la Corte de Constitucionalidad, ha cerrado proyectos (Oxec y Mina San Rafael) porque el Estado no llevó a cabo el proceso de consulta.  Así de ridículo es esto. Las pérdidas económicas para el mismo Estado son enormes pues deja de recibir impuestos.  Pero lo más dañino es la pérdida de empleos, de desarrollo para las comunidades, de oportunidades de crecimiento y de mejorar su nivel de vida.  Las comunidades carecen de todo: salud, educación, seguridad, justicia, infraestructura. Ven en las empresas “la salvación” y así ha sido.  ¿Qué será lo que se está violentando?

La “guinda en el pastel” que causó gran relajo fue cuando el nuevo embajador de Suecia en Guatemala, Anders Kompass, nos tildó de ser una “sociedad corrupta”.  Definitivamente hay corruptos en Guatemala, y muchos.  Pero de eso a que seamos una sociedad corrupta, hay una gran diferencia.  Esto fue considerado un insulto por muchos en las redes, y tengo que estar de acuerdo con esto.  La gran mayoría de guatemaltecos no somos corruptos.  Somos personas honradas que trabajamos (los que tenemos ese privilegio) y queremos vivir mejor.  Esa minoría corrupta hace mucho daño, pues la mayoría ha estado, y estará, en el gobierno. Y esa minoría gubernamental tiene su contraparte: las oenegés que viven del conflicto, del insulto, de la desestabilidad, de la pobreza de otros.  También hay contraparte en el sector empresarial, con todo tamaño de empresas, pues hay quien pide y hay quien da.

Y mientras haya relajo, seguirá el desempleo por la casi nula inversión. Seguirá la pobreza pues el enfoque es tener poder, no resolver la problemática nacional. El subdesarrollo es la forma de vida y la supervivencia el nombre del juego.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo