Creo que el Quetzal está artíficamente depreciado (en vez de estar en Q.7.36 por dólares debería estar en menos, posiblemente en Q.7.00 por dólar o incluso menos). Si me preguntan por qué, les respondo que basta ver el incremento de reservas monetarias internacionales que tuvo el Banco de Guatemala el año pasado, US.$.2,609.1 millones de los cuales hay aproximadamente US.$.2,400 millones en Certificados de Depósito.

Esta cifra astronómica se debe a la política cambiaria que el Banco de Guatemala ha emprendido para que no se aprecie el Quetzal. Antes, el Banco de Guatemala tenía una regla cambiaria para controlar la volatilidad, pero no la tendencia. Aunque sigue en vigencia esta norma, la han dejado de un lado con la colocación de bonos o certificados de depósitos. De esta manera captan dólares neutralizándolos sin emitir quetzales por ellos pero que tienen un vencimiento de corto plazo lo cual implica que estos dólares deberían regresar pronto al mercado. Para contener la apreciación del Quetzal, el Banco de Guatemala ha usado esta herramienta en forma exagerada (dijeron que sólo era una pequeña cantidad y por corto plazo) sumándola a la regla cambiaria con lo cual han llegado a tener, a finales de diciembre, la nada despreciable cantidad de US.$.11,769.5 millones en Reservas Internacionales.

Pero esto tiene un costo para los guatemaltecos ya que hay que pagar intereses por esos dólares que capta el Banco de Guatemala a través del certificado de depósito en dólares. Igual hay un costo para pagar los intereses del exceso de monetización en Quetzales cuando el banco compra dólares. Esto se refleja al final del año en las pérdidas operacionales del Banco de Guatemala que por ley deben pagar el gobierno de Guatemala. Y el gobierno lo paga de lo que recauda. Por eso es que todos los guatemaltecos perdemos con este tipo de operaciones fuera de la lógica económica ya que al final son decisiones políticas.

Pero veamos cómo afecta todo esto al Quetzal. Lo deprecia o frena su apreciación. Si el Banco de Guatemala no hubiera comprado por un lado y captado por medio de Certificados de Depósitos por el otro, el tipo de cambio estaría posiblemente por debajo de Q.7.00 por uno. El presidente del Banco Industrial, Diego Pulido, en una reciente conferencia comentó que podría haber estado en Q.6.00 por dólar. No se puede saber a ciencia cierta dónde estaría la relación de intercambio entre el Quetzal y el dólar puesto que al apreciarse naturalmente se incrementaría la demanda de dólares por importaciones. Sea como sea, el quetzal está depreciado artificialmente en este momento.

En realidad, es un grave problema que no tengamos un tipo de cambio completamente libre. Puedo entender que la intención original del banco de Guatemala era suavizar la tendencia a través de una regla que hacía intervenir al banco en compras y ventas de dólares cuando ésta se activara. Sin embargo, como mencioné antes, la regla se quedó a un lado y el mismo Banco de Guatemala ha actuado con otras herramientas para que el tipo de cambio no sea menor a Q.7.30 por cada dólar.

Es verdad que las remesas han crecido más de lo que se había esperado. El año pasado crecieron en 14.4% con relación al 2016 (en el 2017 ingresaron US.$.8,192 millones mientras que en el 2016 ingresaron US.$.7,160 millones). Precisamente esto significa un incremento en la oferta de dólares presionando al Quetzal para que se aprecie. Mientras tanto, la demanda apenas si ha crecido y como resultado de esta oferta relativamente superior a la demanda de dólares hacer que el tipo de cambio se aprecie. El mercado funciona así con cualquier precio, al apreciarse el quetzal las importaciones se volverán más baratas en Quetzales y la demanda de las mismas y por ende de dólares (que se necesitan para pagar las importaciones) tenderá a incrementarse frenando de alguna manera y en algún punto la apreciación del Quetzal.

Lo que no sabemos es en qué punto esto ocurrirá. Y esto es lo que les da pánico a los exportadores, y con razón, pues por cada dólar que reciban tendrán menos quetzales. No debería ser un problema si sus costos fueran flexibles pero la mano de obra no es flexible, sino que está fija en quetzales. Además, debido a las intervenciones estatales en la fijación de precios por decreto, no pueden pagar en dólares sino en quetzales y no pueden pagar un salario de mercado sino el fijado por el gobierno. Siendo así la rigidez, algunos tendrán que dejar de producir o cambiar su cultivo. Igual, no se justifica que por esta intervención estatal (la rigidez laboral) se tenga que hacer otra intervención más (la depreciación del Quetzal).

En un mercado libre, el tipo de cambio sin intervención no incentiva o desincentiva la óptima asignación de recursos y el comercio exterior. El problema de un quetzal depreciado es que fomenta las exportaciones y desincentiva las importaciones. Recordemos que al final exportamos porque queremos importar. La razón última de nuestras exportaciones son nuestras importaciones.

En fin, creo que seguiremos con el tipo de cambio depreciado. Es de lamentar que la política por un lado y las presiones de grupos de interés por el otro afectaron al Banco de Guatemala que hasta hace algún tiempo había trabajado técnicamente. Esa decisión de contener la apreciación del tipo de cambio distorsiona el mercado de divisas y no sabemos qué efectos positivos o inclusos negativos podrían haber ocurrido si dejamos que el Quetzal alcance su verdadero valor de mercado. Estoy seguro que lo positivo superaría todo lo negativo. Espero que este año, las autoridades del Banco de Guatemala permitan que el tipo de cambio sea el real y no sigan adoptando presiones de nadie para que las decisiones no sean políticas sino eminentemente técnicas y económicas.

 

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