Los datos sobre la cantidad de turistas que están arribando al país con motivo de la peregrinación al Cristo Negro de Esquipulas son emocionantes, pero también alarmantes.

Según el Director General del Inguat, Jorge Mario Chajón el estimado de visitantes es de 107 mil personas, una cifra 10% mayor a la del año anterior. Es emocionante para el país puesto que el turismo nunca cae mal. Guatemala tiene mucho que ofrecer y la peregrinación a una obra de tal magnitud de Quirio Cataño no debería ser la excepción.

Sin embargo hay un aspecto que considero alarmante. Es algo en lo que pienso siempre que me entero que algún turista visita mi país y responde a esta pregunta: ¿en qué condiciones encontrará el extranjero a Guatemala? ¿Cómo será su trayecto hasta Esquipulas? ¿Con cuántos agujeros rebotará mientras vaya en el bus? ¿Cuántas horas de tráfico hará por “la carretera”? ¿Llegará con todas sus pertenencias? Replanteó la pregunta: ¿Lo asaltarán en el camino? ¿Lo asaltarán en el lugar? ¿Qué tan motivado quedará para regresar?

No es por ser pesimista. Tampoco por infundir el pánico. Esta es nuestra realidad. Lastimosamente, ninguna de las preguntas planteadas en el párrafo anterior es ilógica en la Guatemala de hoy. La red vial está destrozada. La centralización en la capital ha causado que el “interior” del país no pueda desarrollarse. El crimen en todas sus formas (robo, asalto, asesinato, abuso sexual, entre otros) es una realidad preocupante.

El Travel Advisory del U.S Department of State a través del Bureau of Consular Affairs reveló hace uno días que Guatemala se encuentra en un “Nivel 3”. El Bureau recomienda a los interesados en viajar al país que “reconsideren esta opción debido a los altos índices de crimen”. Es triste y doloroso, pero es cierto. Escuché a algunas personas “quejarse” por esta medida y alegar que esto solo “era una mala carta de presentación del país” y que era como “juzgar un libro por su portada”. Claro, Guatemala es un país precioso pero seamos honestos: ¿Ustedes le recomendarían a un turista viajar solo a Guatemala sin darle ninguna alerta sobre el crimen que espera a la vuelta de la esquina? Digo, si su respuesta es no, a lo mejor no le tienen aprecio a aquel turista.

El mensaje es este: por más que querramos creer una mentira, en el fondo la verdad es una. ¿Nuestro país es hermoso? Sí. ¿Vale la pena conocerlo? Claro. ¿Está en las condiciones apropiadas y decentes para recibir muchos turistas? No. Y la solución no es evitar que vengan los turistas sino componer nuestra situación de manera inmediata, tomando las medidas que haya que tomarse (los programas efectivos presentados por el sector privado son una buena ruta de éxito… el problema es que quienes eligen tienen otra agenda y otros intereses). En fin, esperemos que los turistas que visiten el Cristo Negro tengan la mejor de las experiencias. Ojalá.

 

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