La corrupción en Guatemala podría minimizarse si los burócratas no tuvieran los monopolios de sus sellos, firmas, emisión de permisos y licencias.  Pero lamentablemente, así es.  Lo tienen. Y lo saben.

¿Por qué digo esto?  Porque ese monopolio de otorgar un bien o servicio que la ciudadanía demanda tiene un precio.    Mientras más se tarden en otorgar ese bien o servicio, mayor será su precio dado la demanda que existe porque esta estará insatisfecha.  Miremos el ejemplo de los pasaportes.  Dado el monopolio de emisión de los mismos y la poca oferta de los mismos se ha creado una demanda totalmente insatisfecha.  Las colas han crecido, son larguísimas y hay quienes han visto una oportunidad de hacer negocio guardando sitio a quien requiere el pasaporte.  Mientras más cerca de ser atendido esté la persona, más caro es el puesto.  Y no me quiero imaginar si hay negocios internos puesto que, ante las urgencias, muchos están dispuestos a pagar con tal de obtener lo que necesitan.   ¿Y quién los puede culpar?  A lo mejor alguien necesita un pasaporte urgentemente para ir a otro país a un tratamiento médico que no hay en Guatemala.  O necesita por fin ir a ver a su familia que tiene años de no visitar.  Hay mil razones y todas muy válidas.

El problema es precisamente ese monopolio.  Si más empresas estuvieran emitiendo pasaportes y tuvieran competencia entonces uno escogería a donde ir.  Seguro que iríamos a la que más rápido me pueda realizar el trámite y que me dé un pasaporte de mejor calidad, etc…  ¿Por qué no hay competencia?  Claro que puede haber competencia.

Lo mismo puede pasar con cualquier ministerio.  ¿Por qué sólo una entidad puede emitir permisos y licencias?  ¿A cuenta de qué necesito un permiso de construcción para cambiar las láminas de mi casa o de una fábrica?  Hay licencias y permisos tan ridículos que uno no se imagina que debe pedir permiso.   Al enterarse uno que si se necesita permiso por cualquier cosa lo solicitas, pero te toma casi un año entre una cosa y otra obtenerlo.  ¿Quién es su sano juicio quiere esperar un año para cambiar las láminas de tu casa?  Por esto es que hay tanta informalidad por un lado y también tanta corrupción por el otro.

Y así podemos ir de Ministerio en Ministerio.  ¡Ahhh!… y queremos ver todo en blanco y negro.  Culpamos a los empresarios por la corrupción, pero no nos damos cuenta que es el sistema que tenemos el que la genera.  Existe una ley donde tanto el que da como el que recibe un soborno son culpables.  Como dicen muchos, ambos son culpables, pero esto no me sirve realmente para parar la corrupción.  Es verdad que para bailar un tango se necesitan dos, pero basta con frenar a uno para parar de seco la corrupción. Si ambos son culpables ambos se volverán cómplices y no surgirán demandas ya que será difícil demostrarlas puesto que ambos terminarán en la cárcel.  Pero si la ley se modifica y sólo quien tiene el monopolio del servicio es sujeto de castigo entonces no podrá extorsionar a nadie y se cuidará.  Pedirá un soborno, pero quien tenga que darlo lo pensará y podrá denunciarlo tranquilamente.  Se le podrá poner una trampa a ver si cae infraganti y si lo hace ese funcionario irá a la cárcel.  El mensaje será tan claro que funcionará como un disuasivo para el resto de funcionarios.  Por más que alguien quiera venir a sobornarme le tendré tanto miedo a ser acusado que no cederé.

Como están las cosas, uno sabe si se mete o no midiendo las consecuencias.  En nuestro país, hasta ahora, ha sido “Práctica Común” la corrupción entre una empresa y el gobierno monopólico y burocrático puesto que muchos negocios no podrían haber existido si no fuese dando “mordidas”.   El asunto es si te metes o no.  Yo soy libre de decidir, ante un escenario así, no venderle al gobierno para evitar esta situación.  Obviamente debo dejar de trabajar en empresas que dependan principalmente del gobierno si es que no quiero toparme con esta incómoda situación.

Pero igual puede ser que me vea en el dilema de enfrentarme con una situación de corrupción, aunque no sea una empresa que le vende al gobierno como en el caso en que los funcionarios públicos me extorsionen.  Me refiero a que cuando el burócrata de aduana te pide “mordida” y estás contra la pared porque sabes que traes algo perecedero.  ¿Qué haces?

Si le vendes al gobierno y no te pagan, tienes cuentas por pagar que te están ahogando y estás por quebrar por falta de flujo de caja y te dicen, “…si me das el 15% te saco el cheque inmediatamente si no, olvídate…”, ¿Qué haces?

A veces las cosas no son tan en blanco y negro.  ¿Tú qué harías?  Si me dices que no cederías, piensa en algún caso en que lo harías.  Y si no, te pongo otro.  Traes el cuerpo de un familiar que falleció fuera de Guatemala y te lo retienen en Aduana diciendo que falta un papel (sabemos que es una extorsión, que no falta nada, pero no te dan el cuerpo).  El asunto es que te lo entretienen.  Te piden algo para soltarlo inmediatamente.  Lo tienes que llevar al funeral.  Todos están esperando y el cementerio también.  ¿Qué haces?

Piensa bien tu respuesta.  El asunto es que si me dices que nunca darías mordida o cederías a esta extorsión por nada, entonces, guarda en tu memoria esto que te propones, porque es un valor tuyo, y no lo olvides nunca.  El día que te toque una situación y cedas porque no tuviste más remedio, recuérdalo.   ¿Eres corrupto por ello?

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo