En el blog de historias urbanas escribe José Vicente Solórzano Aguilar.

Hace años leí un artículo de la poeta Luz Méndez de la Vega acerca del reclamo territorial que enfrenta a Guatemala con Belice.

Según recuerdo, escribió que las autoridades coloniales ofrecieron la entrega del distrito de Toledo a cambio de que Guatemala reconociera la independencia del resto del país, concedida por el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte el 21 de septiembre de 1981.

El gobierno del general Romeo Lucas García rechazó la oferta: o todo, o nada. Lo demás es historia.

Me gustan las ucronías, esos posibles escenarios que pudieron brotar si los acontecimientos tuvieran un rumbo distinto al que conocemos. El monte Ararat sigue en territorio armenio y Constantinopla volvió a ser griega, por ejemplo. Ahora se me ocurre imaginar qué pudo suceder si Guatemala acepta la incorporación del distrito de Toledo como el vigesimotercer departamento del país. Del lobo un pelo, y del pastel una tajada.

Antes, un repaso geográfico

Toledo limita al norte con los distritos de Cayo y Stann Creek; al sur con el departamento de Izabal; al este con Petén y al oeste con el mar Caribe. Su extensión territorial es de 4 mil 649 kilómetros cuadrados; la capital se ubica en la localidad costera de Punta Gorda. Posee dos conjuntos de cayos: Sapodilla Cayes (catorce islas, a 75 kilómetros de la orilla) y Snake Cayes (cuatro, a 32 kilómetros).

El censo de 2010 informa que la población ascendía a 30 mil 785 habitantes; reflejan la diversidad humana de Belice al albergar a creoles, garinagu, kekchíes, mopanes, menonitas, chinos, hindúes y mestizos de ascendencia méxico-centroamericana. El inglés es el idioma oficial; las lenguas de uso diario, según las comunidades, son el kriol (inglés criollo), el garífuna, el kekchí, el mopán y el español.

Carezco de datos para estimar cuánta gente habitaba el territorio cuando la independencia en 1981; sé que Toledo es el distrito más aislado y el menos poblado del país; la carencia de servicios básicos y carreteras que faciliten el transporte terrestre se compensa con la preservación de buena parte del bosque y las selvas que cubren las Montañas Mayas.

Los kekchíes, los mopanes y los menonitas se asientan tierra adentro; los creoles, los garinagu, los chinos, los hindúes y los mestizos se instalaron de cara al mar. Aparte de Punta Gorda, las poblaciones principales son San Pedro Columbia (kekchí), Barranco (garinagu), Monkey River Town (creole) y Pine Hill (menonita).

Ahora sí, el departamento de Toledo regresa a Guatemala

Entonces el Gobierno toma posesión del distrito de Toledo el 21 de septiembre de 1981. Hay incertidumbre entre los pobladores que el día anterior eran súbditos de la reina Isabel II y hoy amanecieron como ciudadanos del Estado guatemalteco. La falta de información, la barrera idiomática y la aversión al vecino que los hostiliza desde hace tantos años les impide tener más datos.

Los militares y funcionarios guatemaltecos llegan en lancha a Punta Gorda, lucen muy orondos cuando el pabellón británico y la bandera colonial beliceña son arriados a toque de corneta, e hinchan el pecho y cantan a toda voz su himno nacional cuando la bandera celeste y blanco, con el quetzal desplegado en medio, se alza ante las miradas de los pobladores congregados en Central Park of Heroes (no tardarán en rebautizarlo como Parque de los Próceres).

El último gobernador colonial pronuncia su discurso en inglés; la nueva autoridad local lo lee en español, sin intérprete al lado, y afirma que tiende la mano a nuestros nuevos hermanos toledanos, o toledenses, para que juntos hagamos de Guatemala una gran nación.

La autoridad colonial, antes de subir a la lancha que la llevará a la ciudad de Stan Creek (la futura Dangriga en reconocimiento al rol que juegan los garinagu en la construcción de la identidad beliceña), se pregunta si era necesario tanto despliegue de soldados camuflashados, que portan boina corinta y ametralladoras en ristre.

La prensa inglesa reflejará tal cuestionamiento, dado el historial de violaciones a los derechos humanos atribuido al gobierno de Lucas García por guatemaltecos exiliados en México, Canadá y Suecia.

Por decreto gubernativo se aprueba que cada 21 de septiembre se conmemore la incorporación del departamento de Toledo al territorio nacional como el Día de la Unidad. Y se convoca a un concurso de composiciones escolares en escuelas y colegios de todos los municipios del país para celebrarlo.

El ganador de la capital es un estudiante de sexto primaria llamado James Ernesto Morales Cabrera; el jurado calificador exalta el fervor y el patriotismo que desborda el poema donde lamenta que el resto de Belice no siguiera el ejemplo de los toledenses, o toledeños, y se restituyera a Guatemala, madre amorosa que sacrificará al mejor y el más cebado de los terneros para celebrar la vuelta de su hija pródiga.

En los siguientes meses se intenta adaptar las instituciones toledenses –gentilicio definitivo– a las guatemaltecas. Las clases se suspenden para alegría de los niños y preocupación de los padres; el Ministerio de Educación organiza encuentros de maestros locales, peteneros e izabalenses para discutir el nuevo ciclo escolar y la manera en que empezará la enseñanza del español a los alumnos.

Invitan a profesores de Honduras para que les expliquen el sistema educativo bilingüe de las islas de la Bahía, y a última hora se suspende la llegada de docentes nicaragüenses de la ciudad de Bluefields: el Ministerio de Gobernación ordena que les nieguen la entrada porque los considera propagandistas de la causa sandinista.

Al final, como gesto a los toledenses que decidieron quedarse en el país –desde el 21 de septiembre ocurre un lento pero incesante goteo de personas, quienes embarcan a Stann Creek con todo lo que pueden llevarse–, deciden que el español se curse como idioma adicional durante cinco años a partir de la preprimaria.

Los kekchíes se sienten aliviados al no haber trabas fronterizas que les permitan comunicarse con sus hermanos de Alta Verapaz, Petén e Izabal: pueblo nómada, siempre tuvieron parientes guatemaltecos. El ejército de Guatemala contrata al grupo de arpa, violines y guitarras dirigido por Florencio Mess para acompañar la inauguración del destacamento militar de San Pedro Columbia. Es el primero de los cuatro que se instalan en Toledo por orden del ministro de Defensa, Manuel Benedicto Lucas García, para resguardar fronteras y evitar que los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Rebeldes funden reductos en las Montañas Mayas.

Lucas García sorprende a los pobladores al hablarles con fluidez en kekchí y les declara que procede del mismo tronco que ellos. Pese al gesto, los sampedranos más ancianos recuerdan que emigraron de Guatemala para evitar el trabajo forzado, los malos tratos e impuestos abusivos; temen que los sufrirán de nuevo antes de morirse.

Los garinagu también salen al encuentro de los suyos: un joven músico y maestro de escuela nacido en Barranco y llamado Andy Palacio se une a los parranderos Paul Nabor, de Punta Gorda, y Jursino Cayetano, de Lívingston, para escribir canciones que aluden a la unión bajo un mismo territorio. Pero no tardarán en surgir problemas con la llegada de nuevos habitantes al departamento.

Así como promovió la colonización de Petén por campesinos de la costa sur y el oriente del país, el Gobierno alienta la instalación de familias guatemaltecas para acelerar la plena fusión del departamento de Toledo con el tejido nacional. Los recién llegados fundan barrios que rodean a Punta Gorda; el calor de la selva y la profunda reserva de los kekchíes los alejan del interior. También se debate acerca de preservar los nombres ingleses de pueblos y accidentes geográficos de Toledo, o cambiarlos al español.

Se suceden fogosas oratorias de José Francisco García Bauer en el Congreso y sesudos artículos de prensa firmados por el vicepresidente Francisco Villagrán Kramer. Al final deciden dejarlos tal cuales, citando el ejemplo del departamento nicaragüense de Zelaya, cuya capital sigue llamándose Bluefields y no Campos Azules. Mientras tanto, el director del Instituto Guatemalteco de Turismo, Álvaro Arzú, recorre la región para evaluar su potencial y ordena que se mejore la comunicación marítima con los cayos, poseedores de las mejores playas; grupos de exiliados aseguran que los entregará como reserva privada a familias pudientes del país.

Empiezan los choques entre las costumbres locales y las que pretenden imponer los colonos. Al ordenar el tráfico, las autoridades guatemaltecas se encuentran con que los pobladores que poseen carro llevan la izquierda a la manera inglesa. Intentan corregir el hábito, de grado o por la fuerza, y abundan los accidentes. Los especuladores de tierras compran a precio de remate los terrenos de la población que se siente beliceña antes que guatemalteca y prefiere emigrar.

Sigue el goteo poblacional; la prensa guatemalteca no alude a esos movimientos y alguna información aparece perdida en páginas de periódicos mexicanos; pesan más las denuncias contra la dictadura militar argentina, el acoso de Estados Unidos a la revolución sandinista de Nicaragua y la crítica a la mano férrea que aprieta el cuello de los chilenos por orden de Augusto Pinochet.

Entonces ocurre el abandono de Monkey River Town, el único asentamiento creole de Toledo. Cansados de las trabas impuestas por soldados guatemaltecos, que les vedan la pesca y el comercio con Stann Creek, los habitantes deciden abandonar el pueblo y a manera de permanencia fundan New Monkey River Town en la orilla opuesta. Las casas abandonadas son ocupadas por familias de las tropas, reclutadas a la fuerza en el altiplano occidental, y el gobernador provisional de Toledo, al felicitarlos, propone que el pueblo sea conocido de ahí en adelante como Villa 15 de Septiembre. Los niños de New Monkey River Town se entretienen insultándolos y tirándoles piedras, ondeando banderitas del Reino Unido y del nuevo Estado beliceño; un día de tantos uno de los soldados se harta y mata de un disparo a una muchacha.

El caso llega a las Naciones Unidas llevado por Jamaica, Barbados, Trinidad y Tobago, Grenada, San Vicente y Santa Lucía, quienes demandan garantías del Gobierno guatemalteco para respetar las vidas y las propiedades de los toledenses que deseen reinstalarse en Belice. El embajador guatemalteco argumenta que todo eso son inventos de desestabilizadores que se niegan a reconocer el éxito de la reincorporación de Toledo al país.

Mientras tanto, aumentan los accidentes de carro entre los toledenses que siguen llevando la vía a la izquierda y los colonos que lo hacen a la derecha. Andy Palacio, tras ser citado por la comandancia militar de Barranco e interrogado sobre sus supuestas filiaciones comunistas, se exilia en Nicaragua y redescubre sus raíces mientras alfabetiza a garífonas asentados a orillas de la laguna de Perlas. Los gobiernos de Cuba y Nicaragua denuncian que Guatemala instaló una neocolonia en Toledo y trata a los pobladores como a ciudadanos de tercera clase.

Empieza la deforestación de las Montañas Mayas para sustituir al bosque por cultivos de palma africana. Ganaderos de Petén se abren paso en busca de pastizales para sus vacas. Delegados del Partido Institucional Democrático, el Movimiento de Liberación Nacional y la Democracia Cristiana Guatemalteca buscan a personajes de ascendencia beliceña, aunque después omitan tal requisito, para proponerles la candidatura a diputado por el departamento de Toledo. El primero en apuntarse es el abogado Telésforo Guerra Cahn.

Ciertos toledenses intentan resistir la ocupación guatemalteca con ayuda de la guerrilla; son controlados sin consideraciones. Tampoco consienten las protestas de grupos de notables que piden se revierta la anexión a Guatemala. Al imponerse la castellanización forzada, y relegar la enseñanza del inglés como lengua opcional en vez de mantener el período de cinco años de adaptación, maestros organizan escuelas clandestinas en sus casas para preservar el idioma de la reina Isabel.

El Gobierno contrata al grupo Phoenix de Petén para que amenice el festejo del primer aniversario de fundación del departamento de Toledo. Y manda patrullas a custodiar los cayos Zapotillos, antes Sapodilla Cayes, al enterarse que Honduras las reclama como parte de su plataforma en el Caribe.

Enlaces sugeridos

La información geográfica y poblacional de este ensayo procede de este enlace. 

Música de Andy Palacio

Música de Paul Nabor

 Música de Florencio Mess

Lee también

Músicos aficionados

De jefes y órdenes