Priscilla León es la autora del blog de moda: Curvas de estilo

En la pubertad (cuando los chicos comienzan a gustarte o interesarte de verdad), para mí las vísperas del 14 de febrero eran terribles. Yo fui una de esas chicas a la que nunca un “pretendiente” le envió una cursi tarjeta y, naturalmente, empecé a creer que si no lo hacían era porque era gorda.

Las cosas cambiaron en diversificado y comencé a sentirme “más linda”, pero creo que algo me quedó en el inconsciente. Hasta hace no mucho tiempo, en ciertas ocasiones, en ese lapso entre que empiezas a quedarte dormida, abría los ojos abruptamente y sentía que la panza me pesaba. Algo hacía que me llevara las manos al vientre, lo apretara y empezara a recriminarme por mi cuerpo.

No eran pesadillas, de esas que dicen que te dan cuando comes mucho por las noches, lo que yo sentía era culpa. Culpa de no caber en el vestido que mi mamá me había comprado sin mi permiso, culpa de haberme comido ese tercer pedazo de pizza y culpa de no verme como “las demás”. En esas ocasiones, aunque tuviera al gemelo de Jared Leto durmiendo al lado, me era imposible amarme.

Efectivamente, es bien difícil amar algo que no te gusta. El problema es que ese algo es tu cuerpo y nadie podrá amarlo y cuidarlo como tú. Y sí, aunque nos repitan hasta la saciedad que el cuerpo es solo “el empaque”, uno no puede ir por la vida cubriendo los espejos. Hay que saber amar ese empaque: sea grande, pequeño, liso, o tenga estrías o cicatrices.

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Cuando te amas, verte al espejo ya no es algo tenebroso. Fotos: Mariano Macz.

Aprovechando que se acerca San Valentín, hoy les dejo cinco consejos para amarse y “amistarse” con su cuerpo. No vienen de un manual de coaching o de un experto, sino de mi propia experiencia, pero espero que también puedan funcionarles:

Deja de culpar a tu cuerpo

Una vez, cuando me cambiaron por una mujer que era bonita solo de cara (a la pared) y decía “estábanos” en lugar de “estábamos”, a alguien se le ocurrió decirme que seguro era porque ella era flaca. No es así, simplemente he was not that in to me (o no le gustaba tanto), pues a quien de verdad le interesas/gustas/te ama no te deja vendida por algo tan vano como el cuerpo. Sí, tu cuerpo tampoco tiene la culpa de que no entraras en el ballet o el equipo de futbol: medidas y condición física son cosas muy diferentes.

Anima a tu cuerpo

Creo que ya se los dije alguna vez, pero pararse frente al espejo de cuerpo completo es un ejercicio esencial. Cada mañana levántate, obsérvate (así sin maquillaje y sin brassier) y agradece lo que tienes. Si eso no es suficiente, abre el cajón de la lencería, póntela, pintante los labios (mejor si de rojo) y recuerda lo sexy que eres.

Mímate por dentro y por fuera

Bebe tus dos litros de agua al día, sal a caminar o práctica tu deporte favorito, pero hazlo para sentirte bien y no de forma obsesiva para verte “delgada”. Ponte crema en el cuerpo y en el rostro, hazte una mascarilla, cepíllate el pelo, pintate las uñas y hazte un masaje de vez en cuando. Mimarse también es amarse. Ah sí, una cosa más: come cuando tengas hambre y NUNCA te sientas culpable por lo que te llevaste a la boca.

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Cambia de role models

Si para ti la “gente normal” es la que está flaca, estás en un error. Puede que ese sea el canon, pero no es lo único que existe. Si algo bueno tienen las redes sociales es que puedes conocer mujeres que han triunfado con su apariencia XL o plus size. ¿Quieres ejemplos? Las blogueras Elena Devessa y Rebeca Gómez Polo, fundadoras del sitio We Lover Size; y las modelos Ana Carbajal (a quien ya entrevistamos en este blog); Ashley Graham y Jordyn Woods.

Acepta los cumplidos

Nadie, absolutamente nadie, ni tu madre, está obligado a hacerte un cumplido. Por eso, si alguien de tu entorno te dice que estás guapa ¿por qué no creerle? Di “gracias” y no te auto sabotees con un “pero es que subí de peso en Navidad”, pues seguramente esa persona ni lo habrá notado. Aprende a descubrir esa belleza que otros ven en ti.

Gracias por leerme, feliz San Valentín.

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Esta combinación (lencería) la heredé de mi abuela y el kimono (que a veces uso como bata) es de Forever 21.
Fotos: Mariano Macz.

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