Hoy quiero hablarles del amor, pero no el que metafóricamente “se cortan las venas”, o del “mátame pero no me dejes” o del “tú se feliz total, yo no importo”.

Hoy quiero hablarles del amor virtuoso, para eso debemos empezar con el amor propio, Aristóteles en su Ética a Nicómaco, en libro 9, capítulo 8, se pregunta si es conveniente “amarse a sí mismo con preferencia a todo lo demás o si vale más a amar a otros”. La respuesta a este cuestionamiento es muy importante, ya que define el rumbo y la naturaleza de nuestras relaciones con los demás.

Aristóteles considera que “el individuo es su propio amigo más estrechamente que ningún otro; y es así mismo a quien sobre todo deberá amar”. Sin embargo ¿cuántos de nosotros nos consideramos nuestro mayor valor? ¿Cuántos actuamos en consecuencia? ¿Cuándo fue la última vez que hizo algo por su bienestar?

Aristóteles, se refiere al egoísta noble como aquél que busca lo mejor para sí mismo, lo cual implica el mejor alimento, la mejor salud, los mejores amigos, la mejor pareja.  Ahora bien,  si desea obtener y mantener lo anterior, puesto que lo considera valioso y por consiguiente son sus valores, deberá actuar de forma virtuosa.

Deberá practicar virtudes como la honestidad, la productividad, la racionalidad, la integridad, la benevolencia, entre otras, que le ayudarán a conseguir y mantener esos valores. Valores como una buena vida, el amor de su pareja y la amistad de sus amigos.

Es una ilusión amar a los demás sin amarse a sí mismo. Ayn Rand nos dice que para decir “Yo te amo, primero debemos saber decir Yo”.  Es decir, debemos conocernos y amarnos primero para saber qué es lo mejor para nosotros.

Lo que amemos reflejará aquello que es valioso para nosotros. Por lo que para Rand, el amor es una respuesta a nuestros valores. Es el sentido de la vida de una persona de lo que nos enamoramos, de su postura fundamental o visión de la vida, es decir de su personalidad. Que en última instancia refleja muchas similitudes con la nuestra y es por eso que nos vemos reflejados en el ser amado. Pero ¿cómo reconocer el reflejo si ni siquiera nos conocemos a nosotros mismos?

No hay nada más destructivo para ambas partes que amar o ser amado de forma inconsciente, es decir, que te amen no porque eres lo mejor para esa persona sino por alguna razón indefinida o peor aún, porque no lo mereces y se sacrifican por ti.

Lo sano, lo virtuoso es que ames o te amen porque eres lo mejor para tu pareja, porque se identifican con tus virtudes las cuales superan tus  defectos, porque le ayudas a crear, día a día, la mejor versión de sí mismo. Que te amen porque mereces ser amado, porque existen muchas razones válidas para amarte.

Este día, en el cual probablemente celebraste con tus valores los sentimientos de amor y de amistad, te deseo que identifiques correctamente tus valores, seas consciente de ellos, actúes virtuosamente para conseguirlos y mantenerlos para que tengas una vida feliz.

¡Feliz día del amor y la amistad virtuosos!

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