En mi artículo anterior vimos cómo supone Kant que se puede dar el conocimiento a priori:

“Entonces sólo en una forma puede mi intuición (Anschauung) anticipar la actualidad del objeto, y darse como cognición a priori, cuando mi intuición no contiene nada más, que la forma de la  sensibilidad, precediendo en mi subjetividad toda impresión actual por la que soy afectado por los objetos.”

[Immanuel Kant, Prolegomena zu einer jeden künftigen Metaphysik die als Wissenschaft wird auftreten können. (Riga, bey Johann Friedrich Hartknoch. 1783.)  § 9.  “Es ist also nur auf eine einzige Art möglich, daß meine Anschauung vor der Wirklichkeit des Gegenstandes vorhergehe, und als Erkenntnis a priori stattfinde, wenn sie nämlich nichts anders enthält, als die Form der Sinnlichkeit, die in meinem Subjekt vor allen wirklichen Eindrücken vorhergeht, dadurch ich von Gegenständen affiziert werde.”]

Según el filósofo de Königsberg, como los objetos sensibles sólo pueden ser intuidos de acuerdo a esta forma de sensibilidad es que puedo conocer a priori. Por tanto, es sólo en la forma de intuiciones sensibles que puedo intuir cosas a priori, pero por las que puedo conocer los objetos sólo como aparecen ante nosotros (ante nuestros sentidos), no como son en sí mismos. Y la aceptación de esta suposición es absolutamente necesaria, dice Kant, si se ha de conceder la posibilidad de las proposiciones sintéticas a priori. El prusiano argumenta en su Estética Trascendental, que las intuiciones puras que sirven de fundamento para todo el conocimiento y juicios que aparecen al mismo tiempo como apodícticos y necesarios de la matemática pura, son el Espacio y el Tiempo. La geometría se basa en la intuición pura del espacio. La aritmética realiza su concepto de número por medio de la adición sucesiva de unidades en el tiempo. La mecánica pura obtiene su concepto de movimiento apoyado en la representación del tiempo. Las dos representaciones son intuiciones puras, que permanecen aún si omitimos todas las intuiciones empíricas de los objetos, por lo que son la base a priori de lo empírico. Por tanto, nunca pueden omitirse, pero al mismo tiempo, por ser intuiciones puras a priori, prueban que son una mera forma de nuestra sensibilidad, que debe preceder toda intuición empírica o percepción actual de objetos, y en conformidad a esto los objetos pueden ser conocidos a priori, pero sólo como aparecen ante nosotros. Entonces, la matemática pura es posible como cognición a priori al referirse a ningún otro objeto que aquel de los sentidos, porque la base de su intuición empírica está en la intuición pura de espacio y tiempo que es a priori. Y es posible, porque la intuición pura no es sino la forma de la sensibilidad, que precede la apariencia actual del objeto, y lo que es más, la hace posible.

Los juicios empíricos, en tanto tengan validez objetiva, son de acuerdo a Kant, juicios de experiencia; pero aquellos que sólo son subjetivamente válidos, los llama juicios de percepción. Cuando decimos: “el dormitorio esta cálido”, o “la piña esta dulce”, –tenemos sólo juicios subjetivamente válidos, pues no pretendo que otra persona encuentre siempre esas cosas como yo lo hago. Cada una de esas proposiciones expresan solamente una relación de dos sensaciones para con el mismo sujeto, conmigo, y sólo en mi presente estado de percepción; consecuentemente no son válidos para el objeto. Estos pues, son juicios de percepción.

La validez objetiva y universalidad necesaria (para todos) son términos equivalentes, y aunque no conozcamos al objeto en sí mismo, cuando consideramos un juicio como universal y necesario, entendemos que tiene validez objetiva. Por medio de este juicio conocemos al objeto (aunque permanece desconocido en tanto a como es en sí mismo) por medio de la conexión universal y necesaria de las percepciones dadas. Como este es el caso con todo objeto sensual, los juicios de experiencia adquieren su validez objetiva, no de la cognición inmediata del objeto (lo que es imposible), sino de la condición de validez universal en el juicio empírico, que no se apoya en lo empírico o condición sensual, sino que en un concepto puro del entendimiento. El objeto en sí mismo siempre permanece desconocido, pero cuando por medio del concepto del entendimiento se determinan las conexiones de las representaciones del objeto, que nos son dadas en nuestra sensibilidad, como universalmente válidas, el objeto es determinado por esta relación y es el juicio el que es objetivo. Así por ejemplo, el enunciado: “el aire es elástico”, es un juicio de experiencia porque su conexión se mantiene bajo una condición, que lo hace universalmente válido, ya que toda persona siempre conectará necesariamente la misma percepción bajo la misma circunstancia. El juicio, “el aire es elástico”, se vuelve universalmente válido y juicio de experiencia, sólo por ciertos juicios que le preceden, los cuales subsumen la intuición de aire bajo el concepto de causa y efecto, y por tanto determinan las percepciones, no solamente en relación de una a otra en mí, sino en relación a la forma de juzgar en general, que es en este caso hipotética, y hace por este medio al juicio empírico universalmente válido.

Estos juicios serían imposibles si no se sobreañade un concepto puro del entendimiento a los conceptos abstraídos de la intuición, que están subsumidos en éste, y que por esta manera están combinados en un juicio objetivamente válido. En la Analítica de los Conceptos, nos da a conocer cuáles son estos conceptos puros a priori del entendimiento. Abstrayendo todo el contenido de un juicio en general y solamente atendiendo a la forma pura del entendimiento, establece que la función del pensar en el juicio puede comprenderse bajo cuatro títulos que contiene cada uno tres subtítulos presentados en su Tabla Lógica de Juicios:

 

CUANTIDAD CUALIDAD RELACIÓN MODALIDAD
Universal Afirmativo Categórico Problemático
Particular Negativo Hipotético Asertórico
Singular Indefinido Disyuntivo Apodíctico

 

La Lógica trascendental tiene ante sí una diversidad de elementos sensibles a priori que le ofrece la Estética trascendental para servir de materia a los conceptos puros del entendimiento. La espontaneidad de nuestro pensamiento exige hacer de esta diversidad un conocimiento, que primeramente haya sido recorrida, recibida y enlazada de cierta manera. Esta operación es la Síntesis pura, en su más alta significación, u operación de reunir las representaciones unas con otras y comprender toda su diversidad cuando no es empírica, sino dadas a priori, en un solo conocimiento. Nos da el concepto puro intelectual y se funda en un principio de la unidad sintética a priori. Así, indica el filósofo alemán, nuestra numeración es una Síntesis según Conceptos, porque se da según un principio común de unidad –el decimal.

La misma función que da unidad a las diferentes representaciones en un solo juicio, es la que también provee unidad a la síntesis de diferentes representaciones en una sola intuición, el concepto puro del entendimiento. Y hay precisamente tantos conceptos puros del entendimiento que se refieren a priori a los objetos de la intuición como funciones lógicas según la tabla Lógica de Juicios en todos los juicios posibles. Kant llama a esos conceptos categorías y los presenta en una Tabla Trascendental de Conceptos Puros del Entendimiento:

 

DE CUANTIDAD DE CUALIDAD DE RELACIÓN DE MODALIDAD
Unidad (la medida) Realidad Substancia Posibilidad
Pluralidad (cantidad) Negación Causa Existencia
Totalidad (el todo) Limitación Comunidad Necesidad

Aquí en la Tabla de Categorías, Kant clasifica todos los conceptos originalmente puros de la Síntesis –que el entendimiento contiene en sí a priori y lo hace solamente un entendimiento puro– por los que se puede comprender algo en la diversidad de la intuición, es decir, se puede pensar el objeto. Esta división es sistemáticamente deducida de un principio común: de la facultad de juzgar, que es lo mismo que la facultad de pensar.

De los conceptos primitivos de las Categorías –como conceptos verdaderamente fundamentales del entendimiento puro– se derivan otros conceptos no menos puros que Kant llama los predicables del entendimiento puro. Así, se derivan de la categoría de causalidad los predicables de fuerza, de acción, de pasión; de comunidad, los predicables de presencia, de oposición; de modalidad los predicables de generación, de perecimiento, de cambio.

Continuará.

 

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