Vimos en mi artículo anterior que según el Objetivismo un concepto sustituye con una palabra el enorme agregado de percepciones de entidades que subsume. Los conceptos son condensaciones de conocimiento  que posibilita el estudio y la división de la labor cognitiva. El humano forma los conceptos como un sistema de clasificación, cada vez que la gama de datos percibidos se vuelve demasiado grande para que su cerebro pueda manejarlos. Los conceptos representan tipos específicos de existentes, como unidades de un grupo que incluyen todas las características  de estos existentes, de los observados y de los aún no observados, conocidos y desconocidos. Un concepto es básicamente una clasificación “abierta” que incluye las características que todavía deben ser descubiertas de un grupo de existentes dados. El propósito primario de los conceptos y del lenguaje es el de proveer al humano de un sistema de clasificación y organización cognitiva que lo capacite para adquirir conocimientos en escala ilimitada, lo que significa mantener orden en la mente humana y capacitarla para pensar.

Los objetivistas consideran que la dicotomía analítico-sintética es un error derivado de equivocar el hecho de que una definición, cuyo propósito es distinguir un concepto de todo otro concepto, manteniendo sus unidades diferenciadas de todo otro existente, existente que es todo lo que es, y cuya esencia es un criterio epistemológico de diferenciación y no uno metafísico que hace al ser lo que es, es igual al concepto, y que por lo tanto el predicado del juicio analítico está ya pensado como perteneciente al concepto. El concepto es siempre más que la definición, pues expresa cosas que son todo lo que son –sea que lo conozcamos o no. La definición es solamente una notación que nos permite identificar nuestro archivo conceptual, en términos de a qué grupo pertenece (género) y de cómo se diferencia de los demás singulares del mismo grupo (diferencia). Veamos esto en detalle empezando con los conceptos de juicios sintéticos y juicios analíticos.

Los juicios analíticos pretenden ser a priori, verdades lógicas, validada por la Ley de Contradicción, según Kant, porque pueden conocerse sin observación sensorial, sólo por análisis del sujeto y son universales por convención; y los juicios sintéticos son verdades empíricas, validadas por la evidencia fáctica, porque añaden al concepto-sujeto hechos que son contingentes, los que pueden ser distintos mañana.

“El humano es animal racional”, es un juicio analítico y una verdad lógica universal, que indica que “el animal racional es animal racional”, por lo que su negación sería una contradicción: “el animal racional no es animal racional”. Sin embargo no nos dice nada sobre la realidad como es en sí misma, afirma Kant. “El humano es animal bípedo”, en cambio, dice Kant, es un juicio sintético a posteriori y una verdad empírica contingente, por lo que puede no ser verdad mañana.

El error básico de la dicotomía analítico-sintética reside en una mala comprensión de lo que es un concepto.  Un concepto se basa en la observación de similitudes (menor diferencia) y diferencias. De tal forma, que tanto “el humano es animal racional”, como “el humano es animal bípedo”, como “el humano necesita agua”, son hechos aprehendidos  por observación de las cosas en el mundo –en el primer y segundo caso observando humanos, otros animales y plantas; en el tercer caso, observando lo que sucede cuando al humano se le priva del agua.

La dicotomía analítico-sintética trata a los conceptos como si su contenido estuviera limitado sólo a aquellas características usadas para definirlos. Pero la función cognitiva del concepto es precisamente la de servir como un archivo abierto, es decir, como un archivo donde se puede seguir guardando nuevos hechos aprehendidos por observación, en el momento en que se aprenden, y luego aplicarlos en proposiciones. La dicotomía analítico-sintética cierra el archivo inmediatamente después de que lo inicia, de tal manera que una nueva identificación conceptual se maneja como estipulación (verdad por definición) o como conjetura sobre asuntos contingentes. Un concepto se refiere a ciertos existentes, los que tienen las características que tienen. Toda característica de las unidades, toda información en el archivo conceptual, incluyendo la característica usada para formar el concepto, se aprehenden, directa o indirectamente, por observación perceptual.

Ninguna característica se aprehende o se valida por análisis del concepto. La observación de la realidad es la única forma de adquirir conocimiento. Todas esas llamadas “verdades analíticas” como “los solteros no están casados”, o “A es A”, o “el humano es animal racional” se basan en la percepción. No hay ninguna otra forma de conocimiento. El concepto a priori puro es una suposición, una fantasía de la imaginación de Kant, cuya aceptación es absolutamente necesaria, como él mismo afirma, si se ha de conceder la posibilidad de las proposiciones sintéticas a priori, que sin embargo, no se fundamenta en ninguna evidencia, por lo que es producto de un supuesto arbitrario.

En cuanto a los conceptos axiomáticos, según el Objetivismo los primarios son: “existencia”, “identidad”, y “consciencia”. Hay otros conceptos axiomáticos, siendo los más destacados: “entidad”, “acción” y “cambio”. Son éstos conceptos de primer nivel en el sentido de que los hechos que integran son dados en la percepción. De hecho estos hechos están presentes en todo acto de consciencia, por eso es que son axiomáticos. Todo acto de consciencia consiste en darse cuenta de la identidad de algo que existe. No puede uno darse cuenta de una nada sin identidad. Como aspectos involucrados en toda experiencia, los axiomas están implícitos desde que comienza la consciencia, hasta que termina. Y desde la primera experiencia sensorial, no hay nada más que aprender sobre lo que es estar consciente, o lo que es ser algo, o lo que es para el algo ser algo, o lo que es actuar apuntando a fines. Los conceptos de existencia, identidad, y consciencia, son en este sentido, conceptos de primer nivel. Los hechos que designan se perciben directamente. Pero sólo están implícitos en la experiencia. Identificarlos explícitamente requiere una compleja conceptualización.

“Los conceptos axiomáticos son las constantes de la consciencia del hombre, son los integradores cognitivos que identifican y, en consecuencia, protegen su continuidad. Ellos identifican explícitamente la omisión de las medidas psicológicas del tiempo, que se encuentran implícitas en todos los demás conceptos.

Debe recordarse que la consciencia conceptual es el único tipo de consciencia capaz de integrar pasado, presente y futuro. Las sensaciones son meramente consciencia del presente y no pueden retenerse más allá del momento inmediato; las percepciones se retienen y, a través de la memorización automática, proveen una cierta conexión rudimentaria con el pasado, pero no pueden proyectarse al futuro. Únicamente la consciencia conceptual puede captar y  retener la totalidad de su experiencia, por observación al exterior, la continuidad de la existencia; por  introspección, la continuidad de la consciencia, capacitando así a su poseedor para proyectar su curso de acción a largo plazo.” [Ayn Rand, Introduction to Objectivist Epistemology, Axiomatic Concepts, (New York: Mentor, 1979), 75.]

Por ejemplo, el concepto axiomático “existencia” se forma al llegar al paso final de una serie de ampliaciones progresivas. De silla, a casa, a todo objeto hecho por el humano, a todos los objetos, a todo, se llega hasta al paso final de una serie de ampliaciones progresivas. El uso de ‘todo’ no se basa en ningún proceso de diferenciación porque la existencia no tiene contrario, no tiene de que diferenciarla, no hay no-algo. Lo que no es, no es. Después de que uno puede deliberada y autoconscientemente emprender un proceso de ampliación, la pregunta es: ¿Cuál es la categoría más amplia? Por medio de un proceso deliberado y autoconsciente de ampliación, uno puede, sin diferenciación, llegar a la “integración de todo existente”. Rand nos dice:

“Dado que los conceptos axiomáticos no se forman diferenciando un grupo de existentes de otros, sino al representar una integración de todos los existentes, no posee un Denominador Conceptual Común con los demás. No tienen ni contrarios ni alternativas. Lo contrario del concepto “mesa”, una “no-mesa”, es todo otro tipo de existente. Lo contrario del concepto “hombre”, un “no-hombre”, es todo otro tipo de existente. “Existencia”, “identidad” y “consciencia” no tienen contrario alguno, solamente un vacío.” [Rand, Introduction to Objectivist Epistemology, Axiomatic Concepts, 77.]

Para hacer un juicio objetivo sobre la naturaleza de una cosa, para juzgar lo que es, no sólo como se ve ahora, uno tiene que haber comprendido la diferencia entre existencia y consciencia. Todo juicio hace una afirmación sobre lo que es el caso, cuales son los hechos del asunto, por lo que todo juicio presupone y usa conceptos axiomáticos.

El axioma es pues, una verdad evidente apoyada en que el hecho que designa se percibe directamente como experiencia interna, hecho omnipresente siempre que uno actúa. Es una verdad primera, sin antecedente, pues identifica lo directamente percibido y por tanto sirve como punto de partida para todo juicio que de él se deriva y que lo presupone. Es una verdad básica por ser una proposición inmediata, es decir, que no tiene otra proposición previa o anterior. Es la primera premisa, que por verdadera, el razonamiento que parte de ella es una demostración. No es entonces éste, producto de un a priori Kanteano, sino que del proceso de la formación de conceptos como sistema de clasificación de acuerdo a Denominadores Conceptuales Comunes –epistemológicos– que subsume un ilimitado conjunto de entidades mentales derivadas de concretos percibidos, ordenados contextual y jerárquicamente mediante definiciones, que sirven de materia para un proceso de ampliación.

 

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