Decir que el planeta está en peligro es una de las mayores falacias del mundo. Realmente los que estamos en peligro somos nosotros mismos, si la raza humana desaparece mañana la Tierra seguirá girando 24 mil años más alrededor del sol. Es muy duro eso de echarle la culpa de todos nuestros males a terceros, en vez de asumir la responsabilidad de nuestros propios actos.

En Guatemala y en otras latitudes del mundo, los movimientos ciudadanos parecen ser la única salida para retomar el control del Estado y sus instituciones. La pelea de nunca acabar ha comenzado y, a pesar, de la aparente polarización ideológica que es muy debatible, muchos prefieren adoptar posturas extremistas que fomentan la pasión, el adoctrinamiento de las masas pero, jamás la reflexión y el sentido común nos deberían llevar a construir país, ciudadanía y un Estado fuerte. El nacimiento del antagonismo arraigado entre el debate osado de la izquierda y la derecha se convierte en tan solo un pretexto para que nada cambie.

Podríamos analizar varios casos como el de España con el movimiento de los indignados o también conocido como “Movimiento M-15” que surgió de las manifestaciones del 15 de mayo del 2011. En este caso, busca una alternativa política partidista como fue el surgimiento de PODEMOS en 2014 un partido político que buscaba romper el bipartidismo entre el PP y el PSOE.

Otro de los casos que podemos mencionar fue el movimiento sucedido el 13 de septiembre del año 2012 que los argentinos llamaron la crisis del “Cacerolazo” en la que entraron en la contienda los medios de comunicación más importantes de la Argentina como lo es el emporio Grupo Clarín en contra de la presidenta Cristina Kirchner.

Lo mismo sucedió en Honduras con Juan Orlando Hernández en Honduras con las manifestaciones denominadas la “marcha de las Antorchas “que se originaron también en 2015 a raíz del desfalco de unos $200 millones del Instituto Hondureño de Seguridad Social, que fueron para el partido oficial, Partido Nacional. Desde entonces, un movimiento de indignados se ha pronunciado y extendido en las manifestaciones más recientes después de la reelección de Hernández en las pasadas elecciones del 2017.

Es necesario comprender que una sociedad como la guatemalteca es heterogénea y esa debe ser la partida para alcanzar un punto de encuentro para reconocer nuestras limitaciones. Sobre todo, para entender que como sociedad se nos hace imperativo evolucionar para alcanzar un grado de madurez política que nos permite construir un país mejor.

Somos nosotros los únicos responsables de colocar a personas no aptas para cargos de elección popular como la figura del presidente de la Republica. Esto es tan sencillo como saber que para que un país cambie solo puede hacerse por tres vías para que cambie un país. Esas tres vías son cambiar el sistema político (carta magna), cambiar el sistema electoral, y cambiar el sistema de partidos. En Guatemala no han cambiado ninguno de los tres de forma real. Acaso contesta esto la situación de crisis permanente en la que vivimos cotidianamente.

No es lo que tenemos. Lo más importante es qué hacemos con lo que tenemos. En Guatemala, La primavera ciudadana del año 2015 es únicamente un resultado del colapso del sistema político perverso, clientelar y feudal en el que estamos sometidos. Pero, cuando hacemos un análisis comparativo vemos las manifestaciones ciudadanas son la mayor expresión de fuerza de una sociedad sedienta de cambios estructurales. No se trata de importar líderes sino de la evolución y el surgimiento de nuevos líderes capaces de tomar decisiones.

Lo importante sería reconocernos como una sola especie en favor del progreso y desarrollo del país, pero eso jamás sucederá si los incentivos e intereses políticos no cambian. En Guatemala, el problema menos importante es el presidente Jimmy Morales, pues dejará de ser inmortal el 14 de enero de 2020 y regresará a su triste realidad. Es necesario no caer en el mismo error del 2015 y pensar que con la salida del presidente Otto Pérez terminaría la corrupción.  Hay dos formas de cambiar la Constitución, la primera vía es por el Congreso y refrendado con una consulta popular, la segunda es a través de una Asamblea Nacional Constituyente. Ese debate tarde o temprano será impostergable.

Lo más importante de los movimientos ciudadanos es el nacimiento desde sus propias entrañas de nuevos liderazgos que están llamados a ser nuevas voces conciliadoras, intermediarias y con la comprensión que todos pertenecemos a una misma especie.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo