En estos tiempos, es difícil que pase un día o una semana sin sucesos relevantes en nuestra Guatemala.  Los más inmediatos sucederán el 15 y el 16 de abril.  Veamos.

El primero se refiere, obviamente, a la consulta popular relacionada con el diferendo territorial que Guatemala tiene con Belice desde hace demasiados años.  Seguramente usted ya ha leído infinidad de comentarios al respecto, entre columnas de opinión, tuits, mensajes en Facebook, whatsapp, correos, reuniones y hasta “memes”.  En resumen, desde mi punto de vista, la mayoría de guatemaltecos no irán a votar el domingo (yo sí iré), pues no entienden de qué se trata y tampoco les importa.  No es algo que les afecte en este momento, ni en un futuro cercano, así que mejor se enfocarán en el día a día, tratando de sobrevivir, conseguir empleo, “salir adelante”, como decimos en buen chapín.

Lo más probable es que esos Q300 millones que se gastarán en esta consulta, se perderán, en el sentido que, si por algún milagro gana el “sí”, no servirá de nada si Belice no hace su propia consulta popular. Si la hace, muy probablemente gane el “no”, pues los beliceños no votarán para arriesgar a perder un pedazo de su territorio.  Si gana el “no” el domingo, deberemos repetir la consulta hasta que gane el sí.  O sea, otros Q300 o más millones hasta que la población se convenza que eso es lo que debemos hacer.

En medio de todo esto, votaré que sí por una sola razón: eliminar la falta de certeza que hay en esa línea de adyacencia, que es tierra de nadie, donde ha habido muertos sin que nadie asuma la responsabilidad. Incluso hay un sitio arqueológico que no ha podido ser explorado pues está en medio de los dos países y ninguno asume la responsabilidad.  Ni hablar del contrabando, tráfico de cualquier cosa, y un largo etcétera.  Mi contribución a que esto se aclare, será votar por el sí, aun sabiendo que no lograremos mayor cosa.

Al día siguiente de este ejercicio democrático, un connacional nuestro, Erwin Sperisen, se enfrentará a un tercer juicio, con la misma jueza que ya lo condenó dos veces a cadena perpetua.  Se preguntará por qué esto es tan importante.  Porque hoy se llama Erwin Sperisen.  Mañana podrá llevar su nombre, estimado lector.  Se le ha negado a Erwin su derecho a la defensa, establecida en la Declaración Universal de Derechos Humanos de la “flamante” ONU. Irónicamente, es la misma ONU, por medio de su experimento llamado CICIG, quien fabricó todo el caso a su voluntad y quien tiene a la oenegé TRIAL para que sea juez y parte en este reiterado proceso inquisitorio.  Confiamos en que, en esta ocasión, y contra todas las apuestas, salga la verdad a la luz.

Pasados estos dos días importantes, volveremos a nuestra rutina diaria, con la coyuntura actual, como la elección del nuevo Fiscal General y Jefe del Ministerio Público, que es lo más importante ahora para el futuro de Guatemala. Pero, como dijo Nando Parrado, sobreviviente de la tragedia de los Andes de 1972, “estoy vivo, sigo adelante”.

 

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