Inicia tercer juicio contra Erwin Sperisen

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Llegó el 16 de abril y de nuevo Erwin Sperisen, exdirector de la Policía Nacional Civil (PNC), enfrenta a la jueza que ya lo condenó y que no quiso apartarse del nuevo proceso, pese al fallo del máximo tribunal de Suiza que anuló la condena de cadena perpetua emitida por ella, contra el exfuncionario guatemalteco.

Sperisen fue condenado al implicarlo en la muerte de diez reos en la Granja Penal Pavón, hecho suscitado en 2006.

El mayor temor del exdirector de la PNC, su familia y abogados, es que en este tercer juicio persistan los vicios y se repita la falta de respeto a un debido proceso, ya que será acusado y juzgado por los mismos funcionarios del sistema de justicia de Ginebra.

Con esta panorama desalentador, Sperisen buscó apoyo en las autoridades guatemaltecas y tiene información que la canciller Sandra Jovel, así como el presidente Jimmy Morales, tiene conocimiento de su caso, ya que les ha solicitado apoyo para lograr “un juicio justo”.

Entrevistado vía skype, el exfuncionario comenta que sus abogados acudieron a diferentes instancias para apartar a la juzgadora de este caso por “el evidente conflicto de intereses” y porque han manejado la justicia “a su sabor y antojos”, pero no lo lograron.

En esta entrevista habla de estos problemas y lo que podría pasar en este tercer juicio.

“Me robaron cinco años” con mi familia

Acerca del daño físico y emocional tras permanecer cinco años en la cárcel, Sperisen dice, bastante afectado, que lo peor ha sido el alejamiento de su familia.

“Tal vez lo que más me ha dolido es que cuando entré en la cárcel mi hijo mayor tenía 12, mi hija 10 y el más pequeño 6. Me robaron ese tiempo, no pude ser parte de ese proceso donde los padres son importantes para crear carácter y eduación de los hijos, son años que no vuelven a regresar, me los robaron”, dice Sperisen.

En lo personal, el exdirector de la PNC recuerda los momentos de soledad y el encierro durante cinco años.

“Pasaba 24 horas del día encerrado durante cinco años, solo, y eso requirió de mucha fortaleza mental y agarrarme de la mano de Dios. Si él me libró cuando mi vida estuvo en riesgo, pues no cabía en mi cabeza que me iba a podrir dentro de una celda”, comenta.

La única forma de sostenerse fue “mi familia, mi creencia en Dios y saber que era víctima de una injusticia. Además, me ocupaba en leer, oír algo de música ver televisión y escribir”, relata Sperisen.

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