“El día es muy largo en la cárcel, la sensación es que el tiempo no pasa o pasa demasiado lento”, dice el coronel Juan Chiroy, quien lleva cinco años y medio en prisión preventiva, junto con los soldados sindicados en el caso de la Cumbre de Alaska.

Y tal vez porque se percibe que el reloj se mueve lento estando preso, es que los segundos, los minutos, las horas, los días, las semanas, los meses y los años, se cuentan muy bien. Para quien perdió la libertad el tiempo deja huella y todo se marca.

El día que visité al Coronel Chiroy en la prisión ubicada en la Brigada Mariscal Zavala, el miércoles 11 de abril, su primera expresión al saludarnos fue decirme: “hoy estamos cumpliendo cinco años y medio presos…”

Son 66 meses detenido de manera preventiva, pero la batalla no es contra el tiempo, es contra un sistema de justicia que una y otra vez le ha negado al coronel Chiroy y a los soldados Dimas García Pérez, Marcos Chun Sacul, Ábner Enrique Cruz Pérez, Abraham Gua Cojoc, Felipe Chub Coc, Ana Rosa Cervantes Aguilar, Edín Adolfo Agustín Vásquez y Manuel Lima Vásquez, una justicia pronta y cumplida.

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La esperanza no se pierde en la cárcel

En la cárcel es difícil hallar amigos, menos confidentes, “cada quien vive su propio desierto”, dice el coronel Chiroy cuando se le pregunta con quién comparte sus preocupaciones, frustraciones y sueños. Y quién más que él para dar testimonio de cómo la amistad es una ilusión en la cárcel.

Solo queda la familia: su esposa y sus tres hijos, con quienes comparte tres horas durante tres días a la semana, los días de visita en prisión. El resto del tiempo el coronel se queda solo. Trata de leer, meditar y se duerme bastante tarde para despertarse ya bien avanzado el día, porque las horas de luz natural son las que parecen más largas en la cárcel.

Pero si algo no se pierde estando privado de libertad, es la esperanza. “Cada lunes inicia una semana de esperanza, porque se espera que avance el proceso legal y cada viernes se desvanece esa esperanza”, dice el coronel, que pese a esa dura rutina, sigue soñando con el día en que dará un paso a la libertad.

Lo que más lo que quebranta, pero también lo alienta, es oír a sus hijos cómo hacen planes para cuando él esté libre. “Cuando salgas me vas a llevar a las piscinas”, le dicen.

Y el coronel no puede contener las lágrimas. Hablar de su familia es bastante doloroso. Su hijo más pequeño aprendió a caminar en la prisión y los primeros años, las despedidas luego de las visitas, eran momentos bastante tristes.

Antes de ser capturado, el 11 de octubre de 2012, les preparaba la última pacha a sus hijos pequeños y los dormía. Oraba por ellos, pero de pronto perdió todo ese contacto y solo se quedó con el dulce recuerdo de los más gratos momentos con la familia.

Al salir de la cárcel, un anhelo que se ha postergado una y otra vez, el coronel dice que irá primero a la iglesia para agradecer a Dios. Pero también quiere volver a San Pedro La Laguna, uno de sus lugares favoritos y regresar a su casa de Chimaltenango, que estaba reconstruyendo cuando lo capturaron y ya no pudo disfrutar.

Y buscar a su demás familia, porque después de la muerte violenta de su mamá, a quien mataron en su vivienda en marzo de 2014, “se rompió el vinculo familiar”. Este fue otro trago amargo para el coronel Chiroy porque además de la crueldad contra su progenitora, el crimen sigue impune.

Un sistema de justicia injusto y lento

El coronel y los ocho soldados siempre buscaron ir a juicio, pero el Ministerio Público no. Las otras instancias del sistema de justicia también impiden agilizar el proceso y aunque los militares buscan ser juzgados para probar su inocencia, les siguen negando ese derecho.

Han sido vanos los esfuerzos por tocar las puertas de las instituciones en favor de los derechos humanos como la Procuraduría de Derechos Humanos, la Comsión de Derechos Humanos del Congreso de la República y la Oficina de Prevención Contra la Tortura, pero aún guarda la esperanza de un pronunciamiento a su favor de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

“La ruta es incierta en este caso, pero no tenemos miedo al debate, sin embargo, pedimos sea un juicio justo e imparcial”, comenta el coronel Chiroy.

La fe sostiene a la familia del coronel Chiroy

Andrea Mencos, la esposa del coronel Chiroy, ha tenido que sobrellevar la carga de la familia. Dice que a partir de la captura de su esposo, su vida dio un giro de 180 grados y aunque ha sido difícil, considera que lo peor ya pasó.

Al hablar con ella no se le ve desesperada, al contrario, se le nota tranquila y confiada en Dios. La prisión de su esposo y los diversos problemas que ella y él han enfrentado dentro y fuera de la cárcel, no los han doblegado, los han fortalecido y acercado más a su fe.

En este video, Andrea Mencos cuenta cómo ha sobrellevado el caso de su esposo.

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