Estas son las Crónicas policiales del Comisario W.P. Chanan. Comenzamos con Si Dios me quita la vida. El autor es Francisco Alejandro Méndez. República la publicará domingo a domingo. Para más información consultá el correo [email protected] o en Twitter: @elgranfascinado

Vale veinte

El comisario se reunió con Enio y Fabio en la esquina de la 14 calle y 6ª avenida. Todavía no eran las nueve de la mañana, pero la transitada Sexta permanecía saturada de ventas. Algunos ofrecían ropa, incluso, ponían a disposición una toalla para que los clientes pudieran envolverse y tallarse un pantalón o una falda, según el caso.

—Enio y yo entraremos por la 7ª. Fabio, encárguese de la prensa.

De seguro ya están todos los reporteros adentro a la espera de que ofrezcamos datos de los tres fallecidos ayer en el Trébol de Vista Hermosa. Sea lo más ambiguo posible. No les aclare nada. No dé nombres y explique que el caso está bajo investigación. Usted ya sabe, Fabio.

Fabio siguió hacia la puerta principal del Palacio de la Policía. El comisario y Enio bordearon para entrar por la parte de atrás.

Cuando Fabio ingresó, una estampida de reporteros de medios escritos, televisivos y radiales se le dejó ir. En un momento tenía cámaras y micrófonos casi metidos dentro de su boca.

—¿Detective Fabio, díganos los nombres de los tres fallecidos ayer?

—¿Tiene alguna relación el operativo que realizaron con la masacre de la zona 2?

—Están en peligro las relaciones diplomáticas de Suecia con Guatemala debido al incidente?

Fabio respiró profundamente y comenzó a responder tal y como el comisario le había indicado. Con sí y con no que no ofrecían certeza y con explicaciones muy generales. A pesar de la insistencia de los  reporteros, Fabio no perdió el temple. Una de las preguntas le llamó la atención. Se extendió en la respuesta y comenzó a caminar hacia las escaleras.

Quizá te interese: El origen de Chanan, y el Capítulo 2

—Del desconocido tirador, ¿qué nos dice?

—Solo puedo decirles que fue un acto arriesgado, temerario. Quien lo realizó salvó la vida de los muchachos europeos, pero, también pudo haber cometido uno de los peores actos de su vida. No habrá cargos, pero advertimos a la población que la seguridad está a cargo de la policía y nada más.

Mientras tanto en el tercer piso, el comisario había sorteado las preguntas de Julia, su secretaria, la que había colocado una taza de café caliente sobre su escritorio. Enio se había dirigido a leer partes y a llamar por teléfono al doctor Sierra, el forense.

Trató de ordenar las ideas, aunque la goma lo tenía algo ansioso y con un poco de temblor en sus manos. Wendy lo había regañado por esa jornada en la que estuvo a punto de perder la vida, aunque ella ya se había resignado ante el peligro que representaba el trabajo de su marido.

En su agenda apuntó todas las líneas de investigación que habían tomado desde el día de la masacre. Tras deliberar y repasar varios diarios, apuntó algo que le hizo estremecer su piel hasta ponerla chinita o de gallina.

En efecto, pensó el comisario, hace falta una profunda investigación interna.

Tenemos que saber más de la forma en que funcionaba la familia Figueroa. Algo interno puede ofrecernos información, pues lo externo cada vez parece más difícil.

Fabio había salido ileso de la improvisada rueda de prensa. Se sentó frente al comisario y esperó que a los pocos segundos apareciera Enio.

—Muchachos. Debemos internarnos en la historia de esa familia. Es fundamental que escarbemos donde sea para esclarecer algunas cuestiones. Vamos a dividir trabajo:

Enio, revise computadoras, documentos, fotografías y todo lo que sea en la casa de la zona 2. Fabio, usted contacte personas, busque algún familiar y si es necesario váyase al Atlántico a escarbar en todos lados.

Yo voy a la morgue a visitar cadáveres y a ver qué más. Hoy van a tener que quitarse la goma con gaseosas, pues no tenemos tiempo para más. El ministro me está respirando en la nuca con el caso. Algo nuevo tenemos que ofrecerle. Vamos a trabajar.

Cuando Enio y Fabio abandonaron la oficina, el teléfono del escritorio del comisario timbró. Lo dejó que sonara, tratando de adivinar si del otro lado del auricular salía la voz del ministro o del director.

Se equivocó el comisario. Una voz gangosa y evidentemente encubierta le dijo:

—Vale veinte, comisario. Vale veinte.

francisco-alejandro-mendez-chanan-foto

Estas son las Crónicas policiales del Comisario W.P. Chanan. Comenzamos con Si Dios me quita la vida. El autor es Francisco Alejandro Méndez. República la publicará domingo a domingo. Para más información consultá el correo [email protected] o en Twitter: @elgranfascinado

Lee también

Si Dios me quita la vida (19)