Capitalismo liberal en el día de los trabajadores

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Hoy, primero de mayo, fecha en la cual se celebra el Día Internacional de los Trabajadores, es un día vivido generalmente desde dos perspectivas opuestas: la de los que aprovechan para reivindicaciones sociales (los pocos) y la de los que simplemente descansamos (los muchos). La intención de mi columna de hoy, la cual fuera adelantada para coincidir, es cuestionar las motivaciones que subyacen hoy en día bajo esta celebración y, de atrevido, invitarte a celebrar una más noble…

Desde sus orígenes, en Chicago (EEUU) 1886, esta fecha ha sido utilizada por los socialistas para reivindicar la división de clases y la cultura anti-capitalista. En aquellos años quizás el espíritu era genuino: restringir a 8 horas la jornada laboral, pero como siempre, la intención fue capitalizada por los socialistas de la época, quienes coligaron con los anarquistas y después de sendas manifestaciones,donde hubo muchos muertos y heridos, lograron una respuesta de parte de algunos empresarios de la época. Solo de algunos.

Posteriormente, vino Marx y Engels y capitalizaron aún más aquel momento de la historia para exacerbar, ahora en Europa, la lucha de clases y contraponer nuevamente las categorías capitalista-obrero y burgués-proletario, entre otras. Hoy en día el socialismo es el sistema dominante y se manifiesta justamente en estas celebraciones globales”. Los sindicatos acuden a la típica demanda de mejorar los salarios, de respetar los pactos colectivos, o lo que es lo mismo, los pactos de privilegios. Y de paso, vilipendian al empresario “capitalista”, el cual a propósito no se reconoce como tal por falta de valor y clara identidad.

Lo cierto es que el régimen laboral y sindical son hoy fundamento de la causa socialista. Es así en Guatemala desde la época de Juan José Arévalo, quien con su “socialismo espiritual” fraguó las condiciones para que luego Jacobo Árbenz concretara en poder desmedido y privilegios a estos grupos de interés.

Sobre los salarios, cabe insistir, deben ser concebidos como un precio, el precio del trabajo. Que no te engañen los socialistas con consignas sentimentalistas como “el trabajo no es una mercancía”, porque de hecho lo es, sin que ello signifique rebajar la dignidad de la persona o del trabajador. De esta cuenta todos los 31 de diciembre el pacto social-mercantilista entorpece la fijación natural de precios al trabajo, estableciendo lo que según ellos, mejora las condiciones del trabajador: el salario mínimo.

Mises, en su obra Crítica del intervencionismo, advierte con claridad magistral que fijar precios al trabajo o prescribir salarios es dañino principalmente para el trabajador. Los precios, de cualquier bien o servicio, son fijados subjetivamente; bajo un régimen de gobierno limitado, mercados libres y propiedad privada, estos precios suben o bajan dependiendo de la demanda, de la productividad y de las innovaciones. Los salarios reales, muy diferentes a los salarios nominales, siempre reciben efectos colaterales derivado de que, al subirlos artificialmente mediante regulaciones gubernamentales, los productores trasladan el incremento a los precios de los bienes producidos, perjudicando con ello a los mismos trabajadores cuando estos en su condición de “consumidores” deben acudir a comprar aquellos bienes. Lo mejor forma de celebrar un Día Internacional de los Trabajadores es derogando el Acuerdo que da vida al salario mínimo y retrocediendoa los sindicatos a sus funciones naturales: a) Capacitación, b) Fondos de pensión y, c) Bolsas de trabajo (identificación de mejores oportunidades).

En fin, aunque muy disruptiva, reemplazar esta celebración por una más noble es mi propuesta. El 15 de mayo próximo se celebra el día del Capitalismo liberal, un día que nadie conoce ni celebra, y que de celebrarlo habría que hacerlo trabajando. En ese día, hace 172 años se derogaron las “leyes de granos” en Londres. Inglaterra fue el primer país del mundo en acabar con esas malas prácticas proteccionistas, nos refiere el profesor Alberto Mansueti en su libro La Gran Devolución, el cual por cierto, tengo el honor de presentar. Nos cuenta Mansueti que ello ocurrió gracias a la “acción política” de la “Liga Anti-Leyes de Granos”, fundada en 1839 por los “manchesterianos” Richard Cobden y John Bright.

Solo el capitalismo liberal puede lograr que suban realmente los salarios. Ello queda demostrado en la historia y específicamente enel trabajo del premio Nobel de economía de 1971, el economista ruso-estadounidense Simon Kuznets. Y solo el capitalismo liberal puede lograr también que los sindicatos reviertan su actual naturaleza social-mercantilista. ¡Dejo aquí la propuesta…queda en tus manos darle fuerza en la opinión pública y mediante la acción política, la cual me atrevo a sugerir la hagas mediante el proyecto de las 5 Reformas para Guatemala!

De momento y en mi condición de empresario capitalista liberal, aprovecho para felicitar a mis colaboradores, sin quienes yo no sería capaz de entregar a mis clientes el servicio profesional y de calidad que ofrecemos diariamente. ¡Desde esta tribuna, se les admira y agradece su enseñanza, lealtad y amistad! Para ellos y para nosotros los capitalistas, dejo estas palabras de Henry W. Longfellow: “Gana lo que puedas y mira sereno, a todo el mundo, frente a frente, porque nada debes a nadie”.

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Jorge David Chapas es empresario, académico, político liberal clásico y padre homeschooler.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo