El 20 de septiembre de 1993 la Asamblea General de las Naciones Unidas, consciente de que en la familia se reflejan de la manera más cabal, al nivel más básico de la estructura social, las virtudes y los defectos de las medidas de bienestar social y desarrollo y que, por esa razón, los problemas sociales se pueden encarar en el contexto de la familia en forma global y a la vez individualizada, proclamó al próximo año (1994) como el “Año Internacional de la Familia”. Decidiendo también que, a partir de 1994, cada 15 de mayo se celebre el Día Internacional de la Familia.

¿Por qué la familia? ¿Por qué es importante? Mucho se escucha actualmente de la importancia de fortalecer las instituciones gubernamentales. Poco se comprende que la institución más importante en una sociedad es la familia, y que el mucho o poco interés que pongamos en la misma va a dar como resultado un estado exitoso o uno en decadencia. Es imperante reconocer y afirmar que no existen instituciones u organizaciones sin personas que les conformen. Las personas son el máximo capital de desarrollo en cualquier ámbito de la sociedad. Cada persona es protagonista y participante activo de cada esfera social, y cada persona surge de una familia –para bien o para mal. Por eso el planteamiento que propongo es el siguiente: Para poder fortalecer a la sociedad desde los cimientos más básicos, es indispensable pensar en la educación y formación de la persona y el fortalecimiento de la familia, como eje fundamental de las políticas públicas.

En el libro The Turning, Richard y Linda Eyre explican de manera muy concreta y lógica el papel fundamental que juegan las familias en la sociedad, argumentando lo siguiente: “Algunos ven el mundo geográficamente, continentes y países, latitud y ubicaciones. Otros lo ven políticamente, grupos y gobiernos, ideas e ideologías. Otros lo ven económicamente; quienes tienen y quienes no tienen, productores y consumidores. Pero nosotros lo vemos de forma concéntrica: En el centro se encuentra el aspecto más personal e importante de la vida (el centro de atención en la familia), y los anillos concéntricos representan sectores de voluntariado, privados y públicos. […] Una vez que los problemas se extienden sobre estos anillos internos y gotean en el cuarto anillo del gobierno, en el bienestar y la justicia y los sistemas juveniles, se vuelven imposiblemente caros y costosamente imposibles de resolver.”

Si tomamos esta idea como referencia, podemos constatar que el problema de la falta de valores, y de la recuperación de los mismos debe surgir de la individualidad de la persona humana, ideal y prontamente dentro de su núcleo familiar. Pero considerando que, con mucho pesar, se ha dejado a un lado el fortalecimiento de la familia, actualmente es necesaria la formación de valores universales en todas las demás esferas de la sociedad, especialmente en los sectores públicos y privados. Como consecuencia de estas acciones formativas, la familia debería de fortalecerse directamente, transformando así el círculo vicioso en un círculo virtuoso. Winston Churchill lo explicó brevemente cuando dijo: “No hay duda de que es alrededor de la familia y el hogar donde se crean, fortalecen y mantienen todas las más grandes virtudes, las virtudes más dominantes de los seres humanos.”

Las instituciones no se pueden fortalecer sin trabajar previa y principalmente por la familia, y la familia no se transformará si anterior a eso no se cultiva la vida personal y los valores; colocando los corazones y las vidas en orden.

Sabiamente lo dijo el buen Confucio: “Para poner el mundo en orden, primero debemos poner a la nación en orden; para poner a la nación en orden, debemos poner a la familia en orden; primero debemos cultivar nuestra vida personal, debemos poner nuestros corazones en orden.”

 

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