Vimos en mi artículo anterior que el corolario de un axioma necesariamente es un axioma. Siendo la causalidad un corolario de la identidad y siendo la identidad un axioma, entonces la causalidad necesariamente es un axioma. Sobre lo que es la causalidad dice Rand:

“La ley de causalidad es la ley de identidad aplicada a la acción. Toda acción es causada por entidades. La naturaleza de una acción es causada y determinada por la naturaleza de la entidad que actúa; una cosa no puede actuar en contradicción con su naturaleza. Una acción no causada por una entidad sería causada por un cero, lo que significa un cero controlando una cosa, una no-entidad controlando una entidad, lo no-existente dominando lo existente…” [Ayn Rand. For the New Intelectual. “This Is John Galt Speaking”, 189].

Un humano no puede desnudarse, enterrar sus pies en la tierra, extender los brazos, y esperar que el sol y la lluvia lo nutran hasta convertirlo en una criatura tan fuerte como un roble. Un perro no puede vivir y respirar bajo el agua. Un rascacielos no se puede construir pegándolo con chicle. Un café no se endulza con ácido sulfúrico. Si sembramos una semilla de manzano, aunque la reguemos y cuidemos con mucho amor, no va a crecer como Sofía Vergara, sino como manzano. Ningún ente puede comportarse  desafiando su naturaleza. Si tiramos un madero al río, ¿qué hace? Flota. Si tiramos un perfil de acero al río, ¿qué hace? Se hunde. Y si tiramos un hombre al río, ¿qué hace? Decide si quiere hundirse y bucear o flotar y nadar. Cada uno actúa según su naturaleza. Y como la existencia, que es identidad, la identidad en acción o causalidad, es universal. Cada existente es algo específico y consecuentemente, necesariamente se comporta de acuerdo a su naturaleza, a lo que es.

El universo lo experimentamos, desde que comienza laconsciencia hasta que termina, como una vasta red, entrelazada, de identidades interrelacionadas, o sea de patrones causales compuesto de entidades actuando como deben. No percibimos un universo estático, donde los entes (que supuestamente habríamos identificado) de repente y esporádicamente actúan. Todo lo contrario, desde el principio percibimos entes actuando. El primer contacto con la realidad de un bebe es con su madre, quien le habla, lo mima, lo acaricia, lo conforta, le enseña y agita el sonajero, lo alimenta calmando su hambre y sed, etcétera. Luego descubre al perro que ladra, al gato que maúlla, al balón que rueda, a la hornilla encendida que quema, al control remoto que enciende, cambia canales y apaga el televisor, y todo un mundo de entidades que hacen y causan cosas. La causalidad que experimenta directamente se halla implícita en todos los hechos y en todo su conocimiento.

Los cuatro principios básicos –existencia y sus corolarios: identidad, causalidad y consciencia– se encuentran siempre en todo conocimiento humano, desde la percepción más simple a la teoría más compleja. Por ejemplo, cuando un niño lanza una pelota y la ve rodar sobre el suelo, se da cuenta primero de que hay algo que lanza y alguien que lanza –existencia; lo que lanza es algo específico: una pelota –identidad; ésta rueda sobre el suelo porque es esférica –causalidad; y él la ve con sus ojos, oye cuando golpea el suelo con sus oídos, y comprende con su mente que la acción de lanzarla causará que la pelota se aleje de él –consciencia.

Con respecto a cómo se conceptualizan los conceptos axiomáticos a partir de la percepción, Ayn Rand dice:

Después de la primera sensación (o percepción) discriminada, el conocimiento subsiguiente del hombre no agrega nada a los hechos básicos designados con los términos “existencia”, “identidad”, “consciencia”, estos hechos se hallan contenidos en cada uno de los estados de consciencia; lo que es agregado por el conocimiento subsiguiente es la necesidad epistemológica de identificarlos consciente y auto-conscientemente. El darse cuenta de esta necesidad sólo puede lograrse en un estado avanzado del desarrollo conceptual, cuando se ha adquirido suficiente cantidad de conocimientos, y la identificación, la comprensión plenamente consciente, puede lograrse únicamente por un proceso de abstracción.

No se trata de la abstracción de un atributo de un grupo de existentes, sino de un hecho básico de todos los hechos. Existencia e identidad no son atributos de existentes sino que son los existentes mismos. La consciencia es un atributo de ciertos tipos de entes vivos pero no es un atributo de un estado de consciencia dado; es ese estado mismo. Epistemológicamente la formación de conceptos axiomáticos es un acto de abstracción, un enfocar selectivamente y un aislar mentalmente fundamentos metafísicos; pero metafísicamente es un acto de integración, la más amplia integración posible para el hombre: une y abraza la totalidad de su experiencia. [Ayn Rand. Introducction to Objetivist Epistemology. “6. Conceptos Axiomáticos”, 56].

De igual forma, la causalidad, que es la identidad actuando, es un atributo de entes pero no es un atributo de una acción dada, es la acción misma. Y continúa Rand:

Las unidades de los conceptos “existencia” e “identidad” son todo ente, atributo, acción, suceso o fenómeno (incluyendo la consciencia) que existe, que ha existido o que alguna vez existirá. Las unidades del concepto “consciencia” son cada estado o proceso de consciencia que se experimenta, se haya experimentado o se experimentará alguna vez (al igual que unidades similares, una facultad similar que se infiere en otros entes vivos). Las mediciones omitidas de los conceptos axiomáticos son todas las mediciones de todos aquellos existentes que subsumen; lo que se retiene, metafísicamente, es solo un  hecho fundamental; lo que se retiene, epistemológicamente, es solamente una categoría de medición, omitiendo sus particulares: con el tiempo, es por ejemplo, el hecho fundamental, se retiene  independientemente de cualquier momento particular de la consciencia.[Ayn Rand. Introducction to Objetivist Epistemology. “6. Conceptos Axiomáticos”, 56].

Es importante tener en cuenta que la “consciencia”, que es un axioma corolario, es producto de una acción constante, dela actividad de una persona interactuando con su cuerpo con el mundo. Es producto de un tipo de entidad –organismo vivo– actuando; es un caso de la ley de causalidad:

“Todo conocimiento es conocimiento procesado –ya sea en el nivel sensorial, perceptual o conceptual. Un conocimiento “no procesado” sería un conocimiento adquirido sin medios de cognición. La consciencia (como dije en la primera oración de esta obra) no es un estado pasivo, sino un proceso activo. Y más: la satisfacción de cada necesidad de un organismo vivo requiere un acto de procesamiento por ese organismo, sea esta la necesidad de aire, de comida o de conocimiento.” [Ayn Rand. Introducction to ObjetivistEpistemology. “8. Consciencia e Identidad”, 81].

Y es que la ley de causalidad rige para todo organismo vivo, pues la vida misma es acción autogenerada y auto-sustentante. La vida es el resultado de la acción exitosa del organismo. Por la misma razón, la causalidad es el principio guía de una ética racional:

“En una ética racional, es la causalidad –no el “deber”– lo que sirve como principio guía al considerar, evaluar y elegir las propias acciones, particularmente aquellas necesarias para alcanzar un fin a largo plazo. Siguiendo este principio, un hombre no actúa sin conocer el propósito de su acción. Al elegir un fin, él considera los medios requeridos para alcanzarlo, sopesa el valor del fin contra las dificultades de los medios y contra la jerarquía contextual completa de todos sus otros valores y fines.” [Ayn Rand. Philosophy WhoNeeds It. “Causality Versus Duty”, 119].

Ahora la ética racional se basa necesariamente en el axioma del libre albedrío o volición, pues elegir las propias acciones sólo es posible si la decisión es libre, es decir, no determinada por causas exteriores a la propia voluntad. La volición es un hecho auto-evidente, asequible a cualquier acto de introspección. No se la puede negar, porque en el intento de negarla se la tiene que aceptar. La volición es un axioma que no es un principio filosófico independiente pues es un corolario del axioma de la consciencia. Peikoff lo explica en OPAR:

“El principio de volición es un axioma filosófico, con todas las características que esto involucra. Es un primario –un punto de partida de la cognición conceptual y de la materia de la epistemología; para dirigir la propia consciencia, uno debe ser libre y uno debe saber, al menos implícitamente, que uno lo es.” [Leonard Peikoff, OPAR, “Volition as Axiomatic”, 70].

Y continúa:

“La volición, por consiguiente, no es un principio filosófico independiente, sino un corolario del axioma de la consciencia.” [Leonard Peikoff, OPAR, “Volition as Axiomatic”, 71].

Ahora, es importante notar que el axioma de la volición es un caso del axioma de causalidad:

“La volición no es una excepción a la Ley de Causalidad; es un tipo de causalidad.” [Leonard Peikoff, Introduction to Objectivist Epistemology, “The Analytic-Synthetic Dichotomy”, 110].

En conclusión, sostener que el principio de la Ley de Causalidad no es un axioma produce una contradicción si se asiente, como asegura Peikoff, que la volición es un axioma. Equivale a afirmar que la volición es un axioma y no es un axioma, por ser un tipo de causalidad, la cual se asegura no es un axioma. Pero como sabemos, el Principio de No Contradicción enuncia que es imposible que algo sea y no sea al mismo tiempo y en el mismo sentido. Por tanto es imposible que la volición sea un axioma y no sea un axioma. Es evidente que esta contradicción es producto de una equivocación y que se soluciona al comprender que la causalidad también es un axioma. Una vez se ha pescado que la causalidad es un axioma ya no existe contradicción en la afirmación: La volición, que es un axioma, es un tipo de causalidad, que es un axioma. Insistir en que el principio de la Ley de Causalidad no es un axioma es un error; persistir en el error es necedad.

Por tanto, sin lugar a duda, la causalidad es un axioma. Se encuentran presente siempre en todo conocimiento humano, perceptual y conceptual, desde la percepción más simple a la teoría más compleja, desde la formación de conceptos a la inducción de generalizaciones más abstractas, y no se puede probar porque es la condición de toda prueba, ni puede negarse porque en el intento de negarla hay que aceptarla.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo